Algunos voceros y twitteros influyentes que patrióticamente promovieron y argumentaron el voto por el NO en el plebiscito están cayendo ingenuamente en el juego del presidente Santos y las Farc en dos temas fundamentales.

Primero: no es lo mismo “conejo” que un golpe de Estado.

Lo que está pasando no es propiamente un  juego semántico, interpretativo o concurso de memes o caricaturas como sucede en redes sociales y medios de comunicación. Lo que se está gestando desde el vientre del Gobierno Nacional con la complicidad de algunos magistrados de la Corte Constitucional es un golpe de Estado contra la voluntad popular de los ciudadanos expresada en las urnas el 2 de octubre.

El gobierno sabe que en Colombia hizo carrera la tesis de que vivimos en el siglo del “gobierno de los jueces” y que ese papel lo ejerce a la perfección la Corte Constitucional. Los magistrados  han desbordado y alterado la función de la Corte a través de sentencias que se entremeten en temas que por su esencia formal y sustancial le corresponde debatir al poder legislativo, y otros temas que por su repercusión en la vida colectiva de la sociedad deberían ser debatidos y refrendados en consulta popular.

Algunos inescrupulosos del círculo del presidente y de la Corte están alimentando con urgencia que se falle la demanda interpuesta por exfiscal Eduardo Montealegre contra el plebiscito, fallo que enterraría jurídicamente los alcances del resultado electoral del plebiscito con argumentos que desbordan cualquier escenario de razonabilidad jurídica o política; así lo denunció en su columna dominical el constitucionalista Rodrigo Uprimny. (Ver Sin astucias jurídicas)

Segundo: no es lo mismo ajustes al acuerdo, que un nuevo acuerdo.

Los ciudadanos que votamos por el NO lo hicimos para rechazar la totalidad del acuerdo acordado en La Habana: así lo quiso el presidente Santos al convocar el plebiscito y al imponer la pregunta que se le dio la gana y lo argumento de igual forma la sentencia C-379/16 de la Corte Constitucional.

Si el presidente hubiera convocado un referéndum temático estaría habilitado para realizar ajustes al acuerdo en los temas que hubieran sido negados por los ciudadanos en las urnas, pero como escogió el camino del plebiscito convencido de la victoria y de la derrota de la oposición, lo que esperamos del presidente es que cumpla con los mandatos populares, legales y políticos emanados del resultado del 2 de octubre.

El presidente está abonado terreno mediático, jurídico y político para dar el golpe de Estado contra la voluntad popular, no me cabe la menor duda. Sus alocuciones diarias que terminaron reemplazando el minuto de Dios, solo buscan cultivar el apoyo popular, el que no tiene, con argumentos frágiles y engañosos para llegar al día D, el día del golpe.

La sociedad colombiana, los ciudadanos, los demócratas y en especial quienes votamos por el NO, debemos estar en alerta ante tremendo despropósito histórico y dictatorial que pretenden imponernos.

Esta cruzada para defender la voluntad popular, las urnas y la democracia, no puede ser una campaña más entre los del SÌ o los del NO, por el contrario, que sea la oportunidad para convocar la unidad nacional, para defender la columna fundamental, valor supremo, inmodificable e innegociable, como es la majestad del voto ciudadano.

La sociedad no puede seguir aceptando el chantaje y la manipulación, aquí todos deseamos y exigimos la paz, pero no se puede permitir que un grupo guerrillero, listada como grupo terrorista a nivel internacional y al margen de la ley hasta el día de hoy, acabe con lo último que nos quedaba: la vocación histórica e inquebrantable por la democracia.

@laureanotirado