Colombia está enfrentada a una de las mayores enfermedades que puede padecer una sociedad: una profunda crisis de valores. Hacemos parte de un país en donde los buenos somos más, pero existen algunos individuos infames que gozan del poder y la habilidad para poner en jaque nuestro futuro y nuestras instituciones más sagradas.

Esta crisis se potencia cuando la escala de valores se invierte. Los promotores de esta cultura del relativismo moral y el todo vale van aumento. Defienden la cultura del atajo, priorizan el dinero frente al trabajo honesto, consideran vivos a los pillos y viven de trampa en trampa. En lugar de proponer o impulsar una causa noble, se dedican a destruir sistemáticamente lo que existe actualmente.

Nuestros noticieros están saturados de notas sobre casos de violaciones, ataques misóginos, xenófobos, brutales agresiones sexuales y violencia intrafamiliar. Nadie puede ser ajeno a éstos acontecimientos. Considero que llegó la hora de pasar del trino y la protesta en redes sociales, a plantearnos como país, retos, metas y fórmulas para corregir esta dolorosa realidad.

Para mi, la mejor respuesta para encontrarle una salida a esta crisis es reparar la piedra angular de la sociedad: la familia. Es en ese núcleo esencial donde nuestros niños reciben los valores y forman su carácter. Es ahí donde debe empezar la educación, el respeto por uno mismo y por el otro, donde nacen esos sentimientos de empatía y donde se nutren nuestros principios básicos.

No obstante, en un país como el nuestro, es también en el núcleo familiar donde se produce el primer contacto con la maldad. Vemos con dolor cómo 55 niños son abusados sexualmente cada día y cómo, en su gran mayoría, sus verdugos son sus parientes más cercanos. Vemos cómo familias enteras se rompen y somos testigos mudos de esos esposos que abusan verbal, sexual y físicamente de sus mujeres, llegando incluso a la locura de atacarlas con ácido. Estos son tan solo una triste pero elocuente  muestra de la crisis de valores y la fragilidad de la familia que ha afectado a nuestra sociedad. La familia es la institución fundamental y su debilitamiento es inaceptable.

Debemos pararle-bolas a la familia colombiana. Una familia debilitada es un caldo de cultivo para la corrupción de la moral y las sanas costumbres. La educación parte de la casa, pero también podemos considerar si desde el Estado debemos volver a promover las cátedras de cívica y ética. Quizás nuestro futuro como país no dependa tanto de las grandes discusiones nacionales, que aun nos dividen, sino de tomar medidas contundentes para recuperar las oportunidades para nuestras familias y rescatar los valores para restablecer el orden social que nos permita proyectarnos como una nación grande, respetada y libre.

Prórroga:

Feliz día a todos los padres, especialmente al mío que con amor y disciplina me inculcó valores, principios y buenas constumbres.

Hoy debemos recuperar a la familia como núcleo esencial para transformar la sociedad.

El mejor camino es el ejemplo. Por eso hoy te doy gracias papá

@gabrieljvelasco

Publicado: junio 17 de 2019