Por estos días andan circulando por las diferentes redes sociales muchos comentarios, luego de que Antanas Mokus fuera despojado de su curul en el senado por el Consejo de Estado, y entre todos ellos llamó mi atención el de un tuitero que se pregunta en qué momento un individuo con comportamientos tan extraños, se convirtió en “epítome de la decencia”.
El profesor Antanas Mokus irrumpió en la vida política nacional gracias a su visión progresista y a ese misterioso magnetismo que posee, con los que conquistó a muchos ciudadanos, sobre todo, a aquellos que hastiados de un sistema político rancio, inoperante y deshonesto, encontraron en ese estilo de poco apego al protocolo, y en esa particular manera de expresar sus conceptos y de hacer llegar sus mensajes de decencia cívica, de respeto por la vida, de honestidad y escrúpulo en el manejo del dinero público, al político ideal, importándoles poco que hubiera renunciado de la rectoría de la Universidad Nacional, poco después de cometer un par de actos sumamente bochornosos y groseros con sus alumnos.

Sobre esos mensajes de moralidad y pulcritud, y con su tal “pedagogía irreverente” (todo un dechado de  ordinariez y faltas de respeto), el extravagante profesor Mokus hábilmente capitalizó la simpatía que despertaba y montó un parapeto político tan exitoso, que hoy, casi treinta años después, y a pesar de los fracasos políticos que ha tenido debido a las incoherencias y contradicciones en su discurso, de los desaires que le ha hecho a sus seguidores, y de haber ocultado por tantos años las gravísimas faltas que cometió como simpatizante y auxiliador de los narcoterroristas de las FARC, sigue viviendo del mismo cuento y podría decirse que como “producto político” es muy vendedor.

Prueba de ello fueron los resultados obtenidos en las pasadas elecciones del Congreso, en las que a pesar de su precaria salud (óbice para asumir una responsabilidad tan demandante) y de haber sido advertido públicamente por varios abogados sobre su inhabilidad jurídica para optar al cargo, no cejó en su empeño (léase engaño), asistido quizá, por el convencimiento de que el “epítome de la decencia” era intocable.

Hoy, sin curul, con la personería jurídica de su partido demandada y las curules que arrastró en entredicho, dijo que acataba respetuosamente el fallo, sin embargo, acto seguido, instauró “tutela pedagógica” buscando su restitución.

Solamente el inmenso desbarajuste en el que se encuentran nuestros valores, explica que un individuo como Mockus haya sido erigido “faro moral” del país.

¡Crea fama y échate a dormir”!

@cdetoro

Publicado: mayo 4 de 2019