Apenas se destapa el escándalo Odebrecht, sobornos y pagos por más de 800 millones de dólares en el continente latinoamericano.

Un veterano contratista extranjero del sector de tecnología, comentaba en una reunión privada de amigos, que estaba aterrado sobre la manera como la corrupción se había tomado el Estado colombiano, dejando a quienes participan en licitaciones, por fuera de todo rango de maniobra: “ahora, todos quieren cobrar su coima y cada vez es menos atractiva Colombia como destino de negocios”, sentenció.

Recordaba tiempos pasados, donde, por supuesto, existía la corrupción, y en la práctica quienes firmaban, cobraban comisión de forma regular. No obstante, decía: “lo que se ha impuesto en la presente administración es algo que supera cualquier límite: porcentajes del 1% en contratos de 1500 millones de pesos, son vistos con buenos ojos; es más, se celebran, por la “delicadeza” del funcionario que no se atreve a pedir más…”

Recordaba la campaña presidencial de 1998; específicamente las entrevistas de Jaime Garzón, cuando le daba vida al lustrabotas “Heriberto de la Calle”, cuyas preguntas eran punzantes, directas y atrevidas. Precisamente, salió a colación la respuesta de Noemí Sanín, cuando el inolvidable desdentado le preguntó por los escándalos de aquella época, a lo que ella contestó: “en este gobierno (Samper) la corrupción ha acabado con todo”.

Meses después, Juan Camilo Restrepo, ministro de Hacienda en la primera etapa del gobierno Pastrana, dijo que había recibido “la olla raspada”, y anunció medidas de choque, que significaron la creación de mecanismos de salvaguarda para el sector financiero, cuando en ese aciago 1999 estuvo a punto de colapsar, como consecuencia de la deshonestidad descarada y sin antecedentes, que marcó la época del proceso 8000 y el “elefante”.

A pesar de los esfuerzos financieros, el apretón de cinturón al que el país se vio sometido, la creación de impuestos como el 2 por mil -que se suponía era transitorio, pero terminó aumentado su monto y siendo parte del día a día de los mansos colombianos-, la corrupción siguió marcando la cultura de nuestra política local, y desde el 2010 se disparó frenéticamente, superando las cotas que habían dejado  Samper y sus compinches.

Después de ese breve repaso de nuestra trágica historia reciente, plagada de malos gobiernos, nos asaltan preguntas respecto al actual, y su rol determinante en el aumento de la corrupción. (El incremento de los cultivos ilícitos y los índices negativos en materia de empleo y desaceleración industrial merecen análisis por separado).

Compartimos algunos interrogantes: ¿qué tipo de funcionarios están pidiendo un 1% de coima a los contratistas que terminan ganando las licitaciones? ¿Será que viceministros, secretarios, asesores y consejeros podrían informarnos sobre esta inquietud? Es más: si ese es el monto “decente”, ¿a cuánto ascenderá la tajada en las licitaciones de gran presupuesto? ¿Más de un 50%?

¿Quiénes son los accionistas de las empresas que están vinculadas a los escándalos de corrupción? ¿Senadores de vieja data, que se han enriquecido descaradamente a costillas de los colombianos? ¿Cacaos capaces de callar cualquier intento de denuncia? ¿Dueños de medios de comunicación, que gracias a su poder económico manipulan, amenazan y presionan?

¡Qué coincidencia!: apenas se destapa el escándalo de Odebrecht, con sobornos y pagos por más de 800 millones de dólares en el continente latinoamericano -incluyendo vacunas a  las FARC-, tal como lo presentó Xavier Serbiá en el programa CNN Dinero, aquí en Colombia, el encargado de la secretaría de la Transparencia del gobierno Santos, renuncia para dar inicio a la campaña por el Senado…

Con todo respeto: Tres perlas… Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella.” (Joan Baez); “Todo hombre tiene su precio, lo que hace falta es saber cuál es.” (Joseph Fouché); “Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá.” (Horacio)

@tamayocollins

Publicado: marzo 8 de 2017