No hay consenso respecto a quien debería ser el próximo presidente de Colombia, pero casi todos coincidimos en que estamos contando las horas para que Juan Manuel Santos sea ex presidente. El mandatario, que cada día se me asemeja más a la mítica caja de Pandora por albergar todos los males de la humanidad, no logró conectarse con el pueblo colombiano porque se le siente la antipatía, el desdén y no ha hecho más que mentirnos sin ningún asomo de vergüenza.

Pasado mañana millones de colombianos saldremos masivamente a votar por el nuevo presidente y lo que esperamos de él es que haga un gobierno de cara a la ciudadanía. Estamos hasta la coronilla de las mentiras, de la corrupción, de la traición y del desgobierno.  ¡Estamos hasta la coronilla de Santos!

Seis candidatos aspiran a suceder al actual huésped del Palacio de Nariño y hasta ahora dos, Iván Duque y Gustavo Petro, lideran la intención de voto a menos que Germán Vargas Lleras cumpla con su promesa con tono de amenaza de tener un as bajo la manga que le permita derrotar a Petro y meterse a una segunda vuelta (si es que la hay).

En cuanto al resto de candidatos: Sergio Fajardo que empezó punteando en las encuestas se desdibujó cuando demostró su falta de sustancia y contenido. Las cosas tienden a empeorar para él cuando da entrevistas junto a su fórmula vicepresidencial, Claudia López, porque da la apariencia de un marido subyugado.

Humberto de la Calle, nunca pudo superar el 3% de intención de voto en las encuestas porque carga a sus espaldas un pésimo acuerdo de paz que rápidamente se desborona, no porque la oposición lo esté haciendo trizas sino porque las disidencias crecen al igual que los cultivos ilícitos. Además, Jesús Santrich, como todos sabemos fue capturado por traficar droga al parecer en complicidad con Iván Márquez, tío del extraditado Marlon Marín que estaba comisionando los dineros donados por gobiernos extranjeros para la paz. La antipatía e indignación que genera, crece exponencialmente cada vez que De la Calle intenta justificar lo injustificable, aboga para que a Santrich no lo extraditen y defiende la JEP, un tribunal diseñado por y a la medida de las FARC. Su fórmula vicepresidencial Clara López no le aporta ni votos ni simpatía, especialmente porque fue testigo silente de los desmanes de la alcaldía de Samuel Moreno.

En cuanto a Germán Vargas Lleras debo decir que durante muchos años sentí empatía por él. Fue un gran senador, y brilló en un debate magistral en el que pudo demostrar que las Farc seguían delinquiendo en la zona de despeje del Caguán durante la presidencia de Andrés Pastrana. La razón para que su candidatura no haya podido pasar del séptimo piso tiene nombre, y ese es Juan Manuel Santos. A Vargas Lleras se le hubiese podido perdonar el haber sido parte del gobierno Santos si se hubiera retirado a tiempo. Me atrevo a decir que si él se hubiese plantado en firme un día antes del plebiscito hoy sería un firme contendor para llegar a la Casa de Nariño. La incoherencia y el oportunismo lo aniquiló.

Gustavo Petro, con su discurso de izquierda, ha logrado cautivar a muchos colombianos esperanzados en que se implante el mismo sistema político y económico venezolano sin que Colombia sufra las mismas consecuencias. Después de las elecciones en Venezuela el candidato Petro dio declaraciones en las que afirmó que Maduro es un dictador. Como todos sabemos, Nicolás Maduro responde con rapidez y mordacidad este tipo de afirmaciones, sin embargo, hasta el día de hoy, no ha modulado ni una sola palabra. Este es un campanazo de alerta entre los muchos que ha habido porque levanta la sospecha de que existe un acuerdo encaminado a engañar al pueblo colombiano y hacerse ver como un demócrata al igual que lo hizo Chávez en su primera campaña presidencial. Que sea el candidato de las Farc no es fruto de la imaginación uribista. La chavista Piedad Córdoba lo dijo hace pocos meses. En resumidas cuentas, si Petro llega a la presidencia, no extraditará a Santrich, no rechazará la dictadura de Maduro y sí implantará las ideas del Socialismo del Siglo XXI, que lograron acabar con Venezuela.

Los colombianos estamos contando las horas para que sea domingo y empiece el ocaso de Santos. La mayoría de nosotros queremos que nos inspiren para remar juntos hacia una misma orilla. Iván Duque, un hombre inteligente, de buen temperamento, joven, deportista, amante de la música y, lo más importante, con firmes convicciones demócratas me hace soñar con un mejor país. El 7 de agosto soplarán nuevos vientos en el Palacio de Nariño. La casa presidencial pasará de albergar a “la caja de Pandora” a un joven mandatario con el gran reto de devolverle la esperanza a una Nación: Iván Duque.

@aniabello_r

Publicado: mayo 25 de 2018