El llamado a indagatoria del Senador, Álvaro Uribe Vélez, por parte del magistrado José Luis Barceló, integrante de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) no es un tema particular contra el expresidente Uribe, es un atentado judicial contra el uribismo, contra el Centro Democrático, contra el gobierno del Presidente Iván Duque. No voy a ahondar en temas jurídicos, procesales, probatorios o de competencia, porque ese tema lo han explicado con suficiente claridad los doctores Iván Cancino, Jaime Lombana, y Francisco Bernate, juristas de reconocida idoneidad intelectual, académica y profesional.

La conspiración contra Uribe está probada. Solo se necesita dedicarle 30 minutos a la disertación del doctor Rafael Nieto en el programa radial La Hora de la Verdad, dirigido por el exministro Fernando Londoño Hoyos, para entender y dimensionar la perversidad del montaje, estructurado burdamente por sectores de izquierda al mando del Senador Iván Cepeda, ONGs, periodistas, funcionarios judiciales y organismos de inteligencia al servicio de Juan Manuel Santos.   

Es de conocimiento público que las relaciones institucionales entre el Gobierno de Uribe y la CSJ no fueron las mejores, por el contrario, fueron tan agresivas que varios magistrados de la época en represaría contra Uribe, orquestaron la persecución más virulenta contra congresistas de la coalición de gobierno a través del proceso conocido como la “parapolítica”: inducido, investigado y sustanciado por la Corporación Arco Iris al mando de Claudia López y León Valencia. En medio de esa carnicería judicial y pulso de poderes, quedó en el camino, condenado, detenido y exiliado, uno de los hombres más destacados del gobierno y de mayor futuro político de la derecha colombiana, el brillante exministro Andrés Felipe Arias.

La potencial captura del Senador Uribe es la emboscada final después de haberlo intentado todo. La persecución y odio enfermizo contra Uribe, contra lo que el simboliza y representa, los ha llevado a utilizar las personas más particulares e insignificantes y los métodos más fabulescos para lograr sumergirlo en un proceso judicial.  Desde yidis medina, una verdulera insignificante de Barrancabermeja que llegó al Congreso de la República por suerte y gracia de la operación matemática de sumar y restar votos en épocas donde se utilizaban los renglones como mecanismo electoral, hasta llegar a Andrés Sepúlveda, el famoso hacker, quien resultó ser un vulgar charlatán, administrador de un café internet, reclutado por inteligencia militar al mando del Almirante Álvaro Echandía, para participar en la novela criminal contra Oscar Iván Zuluaga, en plena campaña presidencial (2014).  

Y como la parapolítica, ni la yidispolítica, ni el hacker, lograron detener la fuerza electoral y desdibujar el liderazgo de Álvaro Uribe, descendieron más abajo del lodazal donde se revuelcan para ordenar la captura del empresario Santiago Uribe (hermano de Álvaro Uribe), como mecanismo para debilitar la fuerza de la oposición, de los argumentos, que en ese momento lideraba desde el Senado, Uribe y el Centro Democrático contra los acuerdos de impunidad que se desarrollaban en La Habana.      

El régimen de Juan Manuel Santos, simboliza y representa el régimen histórico ejercido desde Bogotá, Ese poder centralista, oculto y silencioso, que opera desde el siglo XVIII. El mismo bogocentrismo que se alió con la izquierda, con los medios de comunicación (aunque ellos son los dueños de los medios), con magistrados indecentes para pactar el triunfo arrasador del SÌ en plebiscito que consistía fundamental en la derrota final del uribismo en las urnas, y la prolongación de la Unidad Nacional en el poder por los próximos cuatrienios.

Al bogocentrismo todo le salió mal. Germán Vargas Lleras, terminó siendo el mayor fiasco político y electoral de las últimas décadas, el plan B, Sergio Fajardo se les fundió mentalmente, y Gustavo Petro, terminó asustándolos más que el mismo Álvaro Uribe. Y ganó Iván Duque, el del Centro Democrático, el de Uribe, el brillante y talentoso Senador que se ganó con argumentos, trabajo y simpatía la Presidencia de Colombia; se les coló al bogocentrismo, los tiene “paniqueados”, saben que tiene carácter, formación y liderazgo para dirigir el país sin eufemismos, engaños, ni sometimientos, la designación de su gabinete fue un mensaje contundente de que su gobierno será autónomo, pensado para transformar a Colombia.

Y como no aceptan la derrota, el ostracismo, la perdida de privilegios y poder, tenían que demoler una columna fundamental del nuevo gobierno, y que columna, nada más y nada menos la columna que soporta Álvaro Uribe Vélez, el jefe del uribismo, el ideólogo del Centro Democrático, el mentor político de Iván Duque. No nos engañemos, esta conspiración es contra todos, si nos amilanamos, “… los grillos, los calabozos y las cadenas os esperan”.  

@LaureanoTirado

Publicado: julio 30 de 2018