Los políticos pierden credibilidad cuando unen intenciones a cualquiera sin tener en cuenta el mensaje que envían a la comunidad.

Las elecciones generan una especie de crispación en la gente y aún más en quienes están en la política. Eso es lo que hemos venido sintiendo hace unos días y que aumenta con el paso del tiempo. Llegaremos a la primera vuelta presidencial de mayo del año entrante con esta sensación.

Cada candidato, aspirante a cualquier cargo de elección popular prepara su campaña fijando prioridades. Estas cambian, según los intereses de cada cual.

Mi opinión es que para que la política se respete y tenga dignidad, el primer punto debe ser lo programático. Cuales son los compromisos con el electorado y qué hará para cumplir. Es más, solicitando a los electores que sin pudor de ninguna clase le hagan un control de gestión periódico a su desempeño, llegando a la revocatoria, si es del caso.

El segundo punto es decidir cual es realmente su nicho poblacional. A quien creé que llegan mas sus mensajes y cómo se encuentra en ese nicho para trabajarlo con todo el compromiso. Las sociedades tienen manifestaciones distintas sobre un mismo tema.

El tercer punto es lograr que personas que no estén en su nicho, conozcan sus propuestas y manifiesten sus inquietudes. En la política lo único que cuentan son los votos. Sin ellos no vamos a ninguna parte por muy buenos que seamos. Sumar es el arte de la política.

El cuarto punto sería mirar cómo se logran acuerdos programáticos con grupos distintos al del candidato. La labor de un candidato también es escuchar y mejorar en lo posible sus programas, independiente de donde vengan las ideas. Si una idea es buena, súmala, sin quitarle la autoría a quien le pertenezca. Es más hay que reconocerla en público.

El quinto punto va dirigido a las alianzas políticas. Son muy delicadas, según la manera como se hagan. Si es solo por sumar votos y así tener más, mucho cuidado con aliarse con politiqueros y bandidos que siempre están al acecho de un buen político. Muchas son las historias de buenos políticos enredados por una alianza mal hecha. Así mismo, los políticos pierden credibilidad cuando unen sus intenciones a cualquiera sin tener en cuenta el mensaje que envían a la comunidad. Duele ver a muchos políticos jóvenes en Colombia repitiendo la historia de sus padres o de los políticos de siempre.

Este es un tema difícil porque en muchos casos una coalición determina el triunfo. Prefiero perder a tener compromisos no tan legales o imposibles de lograr sin afectar a alguien. Lo grave de esto es que si a pesar de la coalición pierden, seguramente comienzan a justificarse y echarle la culpa a los demás.

El sexto punto es la autocrítica. Revisar cada actuación y siempre pensar antes de hablar o de actuar. Muchos lo que hacen es buscar culpables para evadir su propia realidad. ¡Así no es! Esa actitud le hace mucho daño al partido al que pertenecen. La verdad es la mejor cura y la mejor solución.

En séptimo lugar me parece clave que no se ofrezca nada para que la gente vote. Ni contratos, ni puestos. El que vote que lo haga a consciencia. Este punto es buen débil en Colombia. La mayoría de los políticos actúan ofreciendo lo que no les pertenece. O al revés le exigen al gobierno de turno, dádivas con el de de aprobar un proyecto. Léase mermelada.

Como octavo punto quisiera recalcar que lo que dice un político en privado tiene que ser capaz de repetirlo en público. La política pertenece a todos sin excepción.

Todo candidato debe aprender a ganar y a perder. Depende del manejo que le dé a ambas situaciones, definirá su futuro próximo.

Como número diez, todos deben ser cercanos a la gente, sin morisquetas, sino auténticamente. Ese es el punto más importante que el político debe tener en cuenta.

P.D. A los políticos les recomiendo que no se dejen manosear de otros políticos, que no den por cierto todo lo que les dicen, que cuiden a Colombia cómo cuidarían a un hijo.

Político que olvide el interés general, no es viable jamás

@AliciaArango

Publicado: noviembre 29 de 2017