Finalizada Semana Santa comienzan las definiciones políticas para construir alianzas y coaliciones con mira a las elecciones regionales. El Presidente Duque ha sido claro desde su posesión que no le interesan ni las alianzas ni las coaliciones; así lo ha demostrado -y de qué manera- en su relación con el Congreso de la República.

La tradición política de Colombia relaciona el éxito del gobierno central con los resultados electorales en las regiones. Se supone que debe de existir una correlación de fuerzas políticas y electorales entre la Casa de Nariño con los próximos gobernadores y alcaldes de las principales ciudades.

Nadie discute el esfuerzo del Presidente Duque por construir una nueva relación respetuosa entre el poder ejecutivo y el legislativo, como con los otros poderes del Estado, donde la prioridad es desterrar la mermelada como símbolo de compra y venta de favores entre los poderes del Estado.

Uno de los inconvenientes que tiene el gobierno de Duque y que ha traumatizado el desarrollo legislativo y las coaliciones políticas para defender su obra de gobierno es que algunos de sus asesores más cercanos lo han convencido que mermelada es sinónimo de puestos públicos.

Se equivocan los tecnócratas que rodean al presidente al equiparar la repartija de contratos multimillonarios a congresistas realizado en el anterior gobierno como mecanismo para aprobar leyes como el fast Track (lo cual constituye delito), con la posibilidad que tienen miles de ciudadanos honorables, con requisitos y experiencia, para asumir funciones públicas en diferentes cargos del Estado que hoy están en poder de la cuadrilla santista.

“El poder para qué”, dijo Darío Echandia.

Esa es la misma pregunta qué se hacen los uribistas en las regiones al ver que pasan los meses y los cargos públicos siguen regentados por cuotas de congresistas que en el pasado conformaron la Unidad Nacional y la más rabiosa oposición contra el uribismo.   

No es un hecho menor, ni politiquero, ni necedad de la provincia, pedir espacios burocráticos para quienes durante más de ocho años defendieron las tesis del uribismo y enfrentaron con argumentos y patriotismo el NO en el plebiscito, y dos campañas presidenciales del Centro Democrático. Eso se llama Realpolitik.

La situación política no es la mejor. Gustavo Petro, sigue sin pausa su mesiánica misión de convertir a Colombia en otro imperio castrochavista; así les incomode este término a quienes desean barnizar los propósitos populistas y dictatoriales de Petro. Por otro lado, la agenda legislativa ha sido traumática, lo que ha imposibilitado celeridad en la ejecución de la obra de gobierno del Presidente Duque. Y hay que decirlo, su equipo ministerial no es el mejor.

Una derrota del Centro Democrático en las regionales lo dejaría maltrecho para enfrentar las elecciones presidenciales del 2022, y abriría un boquete que generaría una división entre la derecha, sectores conservadores y el uribismo.  

Están abonando un escenario político como el ocurrió en España con el mandato del Partido Popular, donde la terquedad, ceguera e imposiciones, terminó con el surgimiento de Ciudadanos y Vox como expresiones políticas e ideológicas con mayor sintonía con la opinión y con los de a pie.

Están a tiempo para ajustar la nómina y ejercer el poder. 

@LaureanoTirado

Publicado: abril 23 de 2019