El país entero se conmovió con la desgarradora historia de la consejera de Estado, Stella Conto Díaz del Castillo, víctima de una atroz y sistemática violencia psicológica por parte de quien fuera su esposo y padre de sus tres hijos.

A través de distintos reportajes periodísticos, la doctora Conto narró los pormenores de las agresiones de que fue objeto durante largos años y la dura batalla jurídica que tuvo que librar para lograr ser reconocida como víctima y recibir una pensión alimenticia por parte de su exesposo, el textilero Virgilio Albán Medina.

En una extensa entrevista publicada en la edición dominical del diario El Tiempo, la consejera de Estado reveló cómo sus tres hijos se han sabido sobreponer a la tragedia familiar, pero dio un dato que llama poderosamente la atención: su hija María Carolina Albán Conto está haciendo un doctorado en la Escuela de Economía de París.

El servicio diplomático colombiano requiere que sus funcionarios se empleen a fondo en las labores para las que fueron designados. Las embajadas no pueden convertirse en escampaderos para que los designados reciban jugosos salarios mientras adelantan estudios de postgrado, como en efecto parece estar sucediendo con la hija de la poderosa magistrada Stella Conto.

El 28 de agosto de 2014, dos semanas después de que Santos fuera reelegido, a través del decreto 1619, la señora María Carolina Albán Conto  fue designada en el cargo de “segundo Secretario de Relaciones Exteriores, código 2114, grado 15, de la planta global del Ministerio de Relaciones Exteriores, adscrito a la Embajada de Colombia ante el Gobierno de Francia”.

Ese nombramiento se produjo unas semanas después de que la consejera Stella Conto librara una dura batalla defendiendo la legalidad del decreto a través del cual Juan Manuel Santos convocó a sesiones extraordinarias del Congreso de la República para hundir la cuestionada reforma a la justicia que fue aprobada en 2012.

Gracias a la intervención de la doctora Conto, a pesar de haberse declarado impedida, la reforma a la justicia no resucitó, tal y como deseaba el presidente de la República.

En septiembre del año pasado, el consejo de Estado anuló la reelección de Alejandro Ordóñez como procurador general de la Nación. El argumento central para tomar aquella decisión tenía que ver con que la corte suprema de Justicia estaba impedida para ternar a Ordóñez por cuenta de que algunos magistrados tenían parientes trabajando en la procuraduría.

La magistrada Conto fue una de las más virulentas activistas a favor de la tesis de que Ordóñez debía salir del cargo. Aquel debate se dio en medio de una muy fuerte contención entre el jefe del ministerio público y el gobierno nacional que estaba finiquitando la negociación con la banda terrorista de las Farc, en La Habana.

Para nadie es un secreto que Alejandro Ordóñez se había convertido en un dolor de cabeza para el gobierno nacional. Sus intervenciones críticas al proceso con las Farc resultaban incómodas para la Casa de Nariño, desde donde no tardaron en incluir al procurador en la lista de los supuestos “enemigos de la paz”.

La hija de la magistrada Conto, favorecida con un cargo diplomático en Paris, donde adelanta estudios de doctorado

Tan evidente era la animadversión de la doctora Stella Conto hacia Ordóñez que éste se vio obligado a recusarla, al indicar que ella y dos magistrados más –Danilo Rojas y el cuestionado Alberto Yepes- estaban filtrando a los medios de comunicación detalles de la investigación que sobre su reelección se estaba llevando a cabo en el Consejo de Estado.

Pero la suerte de Ordóñez estaba echada. La presión del gobierno nacional para sacarlo de la procuraduría era evidente. Los magistrados fueron abordados por separado, para efectos de que aceleraran la decisión que finalmente fue comunicada al país, pocos días antes de que tuviera lugar el plebiscito del 2 de octubre del año pasado.

Mientras este debate se surtía, la hija de la magistrada Conto seguía en Francia, disfrutando de las mieles diplomáticas y concentrada en sus estudios de doctorado. Su salario, incluida la denominada “prima especial mensual” era de $5428 dólares.

La suerte y el salario de la estudiante María Carolina Albán Conto, cambió drásticamente el pasado 4 de mayo, cuando fue notificada del decreto 716 de 2017, por medio del cual fue ascendida al cargo de “consejero de Relaciones Exteriores, código 1012, grado 11, de la planta global del Ministerio de Relaciones Exteriores, adscrito a la Embajada de Colombia ante el Gobierno de la República Francesa (sic)”.

Así, la hija de la magistrada del Consejo de Estado que más arduamente había trabajado para propiciar la caída del incómodo procurador Alejandro Ordóñez, empezó a ganar $6054 dólares, poco más de $18 millones de pesos al mes.

Pero lo más importante: podrá seguir adelantando sin zozobras económicas sus interesantes estudios doctorales, convirtiéndose ella en un lamentable ejemplo del abuso del servicio diplomático, el cual es utilizado para que ciertas personas privilegiadas puedan estudiar mientras el Estado colombiano los sostiene, a cuerpo de rey, haciéndolos pasar como flamantes diplomáticos criollos.

Así como los abusos de que fue víctima la doctora Stella Conto por parte de su exesposo merecen ser rechazados de plano, también debe rechazarse el nombramiento de su hija en la sede diplomática en París, donde seguramente la favorecida ya aprendió que mermelada en francés se dice “confiture”.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 31 de 2017