Para nadie es un secreto que Juan Manuel Santos ha traicionado a muchos de los que bien le han servido y colaborado en su vida pública. Basados en esa experiencia, muchos nos hemos preguntado si las Farc serán los próximos en ingresar a la lista de traicionados. En mi humilde opinión la respuesta es que ya ellos están en la lista, solo que nadie se ha dado cuenta.

Para llegar a esa conclusión parto de lo evidente y es que a las Farc lo único que  debería interesarles es que lo pactado en La Habana sea sostenible en el tiempo.  No tendría ningún sentido que se repita la historia de El Salvador, donde años después de  firmado un acuerdo de paz, la justicia salvadoreña posteriormente revisó y revocó los fallos judiciales contrarios a su legislación.

El hecho de que el gobierno y su equipo negociador permitan que los acuerdos con las Farc estén permeados por ilegalidades, trampas y triquiñuelas es un desfavor que les hacen porque, lejos de blindarlos, los dejan en estado de vulnerabilidad.  Esas mismas ilegalidades, trampas y triquiñuelas serán los argumentos que en un futuro serán utilizados para echar los acuerdos para atrás.

En el caso del plebiscito existe una percepción de que todo lo que lo rodea es turbio. Bajaron el umbral al 13%, no existe el voto en blanco, la abstención no tiene relevancia jurídica y la campaña por el “NO” no tiene las mismas garantías que la campaña por el “SÍ”.  Me pregunto, ¿qué necesidad tienen de todo esto si los acuerdos son tan virtuosos?

Yo me temo que en un futuro no muy lejano no faltará quien le encuentre la quinta pata al gato, le meta algo de imaginación y diga que la decisión de la Corte Constitucional en torno al plebiscito estaba viciada porque encontraron pruebas de politización de la corte.

A las Farc se les ha convencido de que incorporando los acuerdos al bloque de constitucionalidad se podrán blindar.   Esto solo tendría sentido si en el mismo acto de incorporar los acuerdos a dicho bloque no estuviesen atropellando el actual bloque de constitucionalidad.  Si yo fuese de las Farc me estaría preguntando: ¿si hoy se pasan por la faja el bloque de constitucionalidad, qué impedimento habrá para que dentro de unos años no se repita lo mismo con el acuerdo habanero?

Algunos se preguntarán que en que aspecto se está violando nuestro bloque constitucional.  Me explico, cuando se ratifica un tratado internacional, éste mismo es incorporado a nuestra legislación y pasa a engrosar  el bloque de constitucionalidad.

El Tratado de Roma, por ejemplo,  ratificado durante el gobierno de Andres Pastrana en el 2002, es parte de nuestro bloque. En él se estipula que los delitos de lesa humanidad serán juzgados por la Corte Penal Internacional y que bajo ningún punto de vista serán susceptibles de amnistía e indulto, lo que acarrearía necesariamente una pena privativa de la libertad y la imposibilidad absoluta de obtener la elegibilidad política.

Como las Farc no piensan pagar un día de cárcel y tienen aspiraciones políticas, en unión al equipo de gobierno, se han concentrado en encontrar a como dé lugar la forma de hacerle conejo al Tratado de Roma.

Les recomiendo que se lean el Tratado de Roma. En el capítulo donde enumeran los crímenes de lesa humanidad vemos que el único que las Farc no ha cometido es el crimen de apartheid.

El Tratado de Roma exige que los delitos de lesa humanidad sean juzgados por la Corte Penal Internacional. Sin embargo, en aras de darle a las Farc todo lo que sus corazones deseen, el gobierno va a permitir que sea un tribunal especial el que las juzgue.   Es así como veremos casos en que los crímenes como el reclutamiento de menores, las violaciones, los abortos sistemáticos, los asesinatos y los secuestros inhumanos quedarán impunes si los responsables admiten haberlos cometido.

A dos años de finalizar su gobierno es difícil pedirle a Juan Manuel Santos que haga lo correcto redirigiendo los acuerdos. No lo va a hacer porque a estas alturas del partido ya ha anunciado con bombos y platillos el final de la guerra (sin que hayan devuelto a un solo niño reclutado por la guerrilla, en medio de la extorsión y de los secuestros). Santos se jugó todo su capital político en la firma de la paz mientras que el país da la sensación de ser un barco haciendo agua.

Para terminar de complicar el panorama, Santos aspira a que el plebiscito se realice antes de presentar la reforma tributaria, que por obvias razones le va a terminar de desplomar su popularidad. Con esa presión enorme lo más seguro es que termine negociando lo innegociable inoculándole otro germen más de autodestrucción a los acuerdos.

Es irónico pero la conclusión a la que llego es que lo más conveniente para todos, incluyendo a las Farc, es que votemos por el “NO” en el plebiscito, ya que esta sería la única forma de salvar el proceso de paz. Si votamos por el “NO”, podremos exigir que se sienten a renegociar los acuerdos dentro de nuestro marco jurídico, y ahí sí blindándolos para la posteridad.

 

 

@ANIABELLO_R