Santos no la tendrá fácil con el nuevo presidente de EE.UU, un hombre firme contra el terrorismo y el narcotráfico.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, acompañado por mayorías republicanas tanto en el Senado como en la Cámara, implicará un giro de 180 grados en la política exterior estadounidense respecto de Colombia.

No es un secreto que el respaldo irrestricto de la administración Obama al proceso con las Farc fue un importante tanque de oxígeno para Santos. Para muchos norteamericanos resultaba inaceptable que un presidente respaldara el diálogo con una estructura terrorista cuyos cabecillas tienen cuentas pendientes con la justicia estadounidense (Puede leer “Los extraditables de las Farc”).

Santos y las Farc estaban enfocados en lograr dos objetivos: que Obama, antes de abandonar la Casa Blanca indultara al terrorista alias Simón Trinidad y que ordenara el retiro de las Farc de la lista de organizaciones terroristas.

Resultaba perfectamente imposible para Obama valerse del poder que le otorga la Constitución de su país para indultar a un jefe terrorista que asesinó y secuestró a ciudadanos americanos. Trinidad fue sentenciado a 60 años de prisión luego de un largo juicio en el que se pudo comprobar su participación en la ejecución sumaria del piloto Tom Janis y el posterior secuestro de Thomas Howes, Marc Gonsalves y Keith Stansell. Su condición de líder de la organización Farc, grupo señalado de tener la capacidad de desestabilizar a la región y poner en riesgo la seguridad nacional de los Estados Unidos fue la razón primordial por la que Obama se abstuvo de perdonarlo. (Sobre este tema, puede leer “Se les aguó la fiesta”).

 

El 8 de octubre de 1997 el Departamento de Estado puso en marcha una política de lucha contra el terrorismo internacional y una de las medidas adoptadas consistió en elaborar una lista que recogiera los nombres de los grupos con capacidad de poner en riesgo a la humanidad. En ese primer listado dos estructuras colombianas fueron incluidas: las Farc y el Eln. Actualmente, 61 organizaciones hacen parte de la misma.

Para Santos y Timochenko resultaba prioritario que Obama sacara a las Farc la lista, hecho que no sucedió por razones evidentes. Las Farc no han entregado una sola de las rutas por las que salen millones de toneladas de cocaína hacia los Estados Unidos. Tampoco han entregado las armas y los explosivos con los que aterrorizan a la sociedad colombiana y no han dado la más mínima señal de estar efectivamente dispuestos a desmantelar su aparato de violencia. No existe una sola razón que justificara que la eliminación de las Farc de la lista de organizaciones terorristas internacionales. (Para más información, lea “¡Son terroristas!”

A partir de ahora, las cosas cambiarán. El discurso del presidente Trump frente al terrorismo es directo y sin ningún tipo de matiz. De hecho, uno de los aspectos por los que su nombre tomó relevancia en la campaña presidencial fue su discurso radical frente a todas las amenazas que se ciernen sobre los Estados Unidos.

Uno de los motivos por los que el presidente Trump construirá el muro en la frontera con México es el de impedir el paso de drogas ilícitas a suelo norteamericano. “Un muro no solamente alejará peligrosos carteles y criminales; también alejará las drogas que están envenenando a nuestros jóvenes”, aseguró en un discurso en New Hampshire pocas semanas antes de las elecciones del año pasado.

Santos no la tendrá fácil con el nuevo presidente, que bueno es recordar duró bastantes días sin aceptar una llamada suya luego de que se produjera su elección.

Abundan los aspectos que alejan a Trump de Santos. El de Colombia, ha sido un presidente débil en la lucha contra el terrorismo. En vez de enfrentar el desafío, prefirió rendirse ante él y entregar en bandeja de plata a la democracia. Respecto al narcotráfico, los casi 7 años de gobierno santista han servido para convertir a nuestro país en un mar de coca. (Lea “Mar de coca” y “Aspersión aérea ya”).

Puede que Trump no vaya a ser un aliado de Santos, lo que no significa que no lo sea de Colombia, de esa Colombia que mayoritariamente le dijo NO al terrorismo el pasado 2 de octubre de 2016. De esa Colombia que quiere la paz, pero con justicia y sin prebendas inmerecidas a los terroristas. De esa Colombia que se opone a que el narcotráfico sea tratado como un delito político, cuando en realidad se trata de un crimen que genera los recursos suficientes para atentar contra la democracia y la libertad.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 20 de 2016