Francisco José Tamayo Collins: Con la plaza llena

Francisco José Tamayo Collins: Con la plaza llena

Empieza a despedirse el matador más cruel de Colombia, señoras y señores… Entre los gritos furibundos del público y las papas-bomba de los mamertos facinerosos que lo reeligieron; malandrines con la boquita y los bolsillos embadurnados de mermelada… Se va pronto el matador que en 8 años de faena liquidó al país de la forma más “taurina” posible: muletazos bien templados en cada mentira pronunciada a través de todos los medios de comunicación arrodillados, entregados a la pauta oficial que se disparó como ametralladora sin seguro; verónicas sucesivas, reflejo de un dulce amor por la corrupción, compartido con miles de mozos de espada que tuvieron a bien acompañarle, siempre con chantaje de por medio, llevándolo contra las tablas, mostrándole el filo peligroso de los pitones de sus sucios intereses…

Termina la tarde-noche de un matador que supo acabar con el legado de su antecesor, con todo el rencor posible… ¡Qué se levanten las peñas, para protestar! Porque la economía está pobre, en el hoyo profundo de la incertidumbre; y el país con una balanza comercial en rojo, con flojas perspectivas para la inversión extranjera, porque nadie le apuesta a un gobierno que generó plena desconfianza, gracias a sus caprichos jurídicos, y el aumento desproporcionado de impuestos que nadie en el mundo está dispuesto a pagar… Nuestro matador y su cuadrilla multicolor se entregaron, sin disimulo, a la ideología de género, mutilando la identidad de una nación que tuvo que afrontar la forma mañosa como actuaron numerosos funcionarios en contra de la familia como institución sagrada; individuos que se distinguieron por su capacidad de amenazar por debajo de la mesa, presionando con persistencia y persiguiendo con sus omisiones a quienes profesan la fe heredada por abuelos decentes, que hoy son recordados con respeto y veneración.

En el palco no hay nadie, porque hace rato la ausencia de liderazgo se ha hecho sentir de mil maneras; el público confirma su malestar generalizado, cuantificado en todas las encuestas: 9 de cada 10 ciudadanos no quiere saber nada ni consentir ninguna “figura” de ese matador… ¡machete, machete pa’esa banda de criminales, vestida con traje de luces! – es el grito mudo, rebosante de dolor y de engaño, de millones de almas que se sienten pisoteadas y burladas en Colombia.

Ni orejas, ni rabo… Sólo indultos, pero no a las “reses” que torearon en dos cuatrenios para olvidar. En esta historia, el indulto es para las bestias que están llenando de cocaína las calles de diferentes países del mundo, destruyendo la unidad de millones de hogares en los cinco continentes. Indulto para los salvajes que seguirán extorsionando a los comerciantes, ajusticiando a los que se opongan a su perversa ideología. Indulto para los masacradores de las instituciones y de la Justicia colombiana.

¿Qué pensar sobre todo lo que está pasando en nuestra plaza? ¿Quedarnos callados en este momento de nuestra historia? Con seguridad, amables lectores, ustedes estarán del lado de los valores y la decencia, esa que estimula la verdadera prosperidad para todos.

En fin, cómo nos gustaría que la plaza sobre la que estamos escribiendo fuera una plaza llena de viandas frescas y baratas, frutas y verduras orgánicas, que se pudieran exportar a destinos lujosos, dispuestos a pagar el alto precio que hoy tienen los alimentos que no se han modificado genéticamente… Ojalá fuera ese tipo de plazas las que nos dejara este gobierno de mentiras perpetuas, impulsado por una agenda que se opone a los sentimientos de una sociedad que debe vivir a diario, en no pocas ocasiones, jornadas dramáticas.

Con todo respeto: Va una chicuelina… O los intereses de las FARC-EP y sus compinches del Foro de Sao Paulo, o los intereses de la Colombia que se opone a entregarle la patria y su futuro al comunismo. Así de sencillo… ¡Y Olé!

Nunca se rindan, nunca cedan, nunca, nunca, nunca, en nada grande o pequeño, nunca cedan salvo por las convicciones del honor y el buen sentido. Nunca cedan a la fuerza; nunca cedan al aparentemente abrumador poderío del enemigo.” (Winston Churchill).

 @tamayocollins

Publicado: junio 14 de 2017