Es ingenuo creer que el Eln vaya a desmovilizarse con beneficios diferentes, a los que fueron concedidos a las Farc.

Esta semana, el Eln anunció la formalización de los diálogos de paz con el gobierno nacional. Aquí cabe anotar que esta guerrilla se sentará en una mesa “muy particular”. De entrada podría decir que no creo que el apellido correcto de esa mesa sea “de negociación”. Y lo afirmo porque los negociadores de este grupo serán, ante todo, tramitadores. Ellos ya tienen el antecedente de las Farc y, por ende, saben que hay unos mínimos que los Colombianos no están dispuestos a ceder.

En efecto, el plebiscito que acaba de pasar también tendrá puesto en dicha mesa. Y es que el pueblo colombiano tiene derecho a exigirles, a quienes los han aterrorizado, unos mínimos a cambio de perdón y reintegración. Solo que esos mínimos son hoy más claros que en 2012, cuando la guerrilla de las Farc se sentó a negociar y decía que no tenía nada de que arrepentirse.

Tampoco habrá demasiado espacio para  la negociación por parte del gobierno. Es ingenuo creer que el Eln vaya a desmovilizarse con beneficios diferentes, a los que fueron concedidos a las Farc. Ese es el problema de negociar mal. Por lo tanto, quien quiera negociar con este gobierno sabrá que lleva las de ganar. Sin embargo, y si se mira el lado positivo, esto sirve para que se acerquen a buscar salidas negociadas.

Pero hay que ser claros en una cosa: independientemente de la relación complicada que existe entre la anterior negociación y esta, debemos tener claridad sobre la independencia de ambos procesos.

Tengo claro que el proceso con las Farc debe terminar cuanto antes. Y para esto los partidos deben cooperar y flexibilizar sus posiciones, para que la paz que todos hemos anhelado sea posible. Eso sí, esa flexibilización no puede comprometer nuestros principios ni el compromiso que tenemos con el país que representamos, es decir, los del NO en el plebiscito.

Es por lo anterior que afirmo que mucho del proceso con el Eln depende de lo que ocurra en las conversaciones entre los voceros del NO y el gobierno. No me cabe la menor duda que esto marcará una hoja de ruta para aquellos que quieran desmovilizarse en el futuro. De ahí que sea imperativo que el Estado sostenga su soberanía, para que esa ruta no se convierta en un aliciente a nuevas formas de crimen organizado.

Espero, en todo caso, que en el proceso de adscripción a los nuevos acuerdos que haga el Eln, se le corrijan los errores cometidos en la negociación que está concluyendo con las Farc. También espero que los medios de comunicación sean más objetivos; que la clase dirigente haya aprendido a respetar al pueblo que representa y se preocupe por oírlo antes de tomar posiciones; y, sobretodo, que el gobierno deje de maltratar el concepto de “paz”, para promover su agenda política.

Aunque hay algo que me inquieta en este momento: la próxima semana se viene la reforma tributaria. El gobierno ya no podrá esconder ese monstruo detrás del closet de la negociación de La Habana. Porque el Nobel sin paz no será suficiente para dejar pasar ese IVA y la afectación que habrá en la canasta familiar. ¡Amanecerá y veremos!

Finalmente, yo creo que toda Colombia respaldará el acuerdo con el Eln, si se respetan las objeciones juiciosamente planteadas desde mi partido. Pero, además, si se corrigen las graves omisiones del acuerdo con las Farc. No se puede volver a jugar con la democracia, la soberanía y las instituciones. Ya no habrá valor simbólico que lo justifique, ya no habrá globos en el congreso ni palomas blancas manchadas de mermelada.

 

@Tatacabello