Colombia está de país anfitrión del evento de derecho más importante del mundo, el World Law Congress (Congreso Mundial del Derecho, edición XXVI), y la Democracia colombiana de plácemes, pues acaba de recibir un gran reconocimiento: el World Peace and Liberty Award, que por primera vez en su historia no ha sido entregado a una persona, sino a todo un pueblo, a la sociedad civil, hecho que le confiere un significado especial. 

 “Colombia es un ejemplo de compromiso inquebrantable a nivel mundial. Particularmente en América Latina, donde se abocan a la defensa, el fortalecimiento y la consolidación del Estado de Derecho, junto al respeto a la democracia por sobre todas las adversidades”. Palabras del presidente de la Asociación Mundial de Juristas señor Javier Cremades.

Ciertamente, en nuestra historia reciente hemos vivido épocas muy difíciles, sombrías y cruentas. Hemos sufrido el más sanguinario y despiadado  terrorismo de grupos al margen de la ley, la violencia del narcotráfico,  el atropello institucional de un ególatra que buscando intereses personales  causó daños casi irreparables, etc. A todo nos hemos sobrepuesto, y, mal que bien, nunca hemos cejado en el empeño de buscar un mejor país para todos. Aunque mucho hemos progresado, la tarea pendiente aún es grande.

Sin embargo, ahora estamos abocados  a una situación de riesgo nunca antes vivida. Hay un enemigo rondando en la “heredad”,  ese bien invaluable que tanto nos ha costado y por el cual hoy nos premian, está en serio peligro. 

Se llama Gustavo Petro, un hombre que militó en la banda terrorista M-19 que secuestró, asesinó, robó y extorsionó colombianos, que se tomó el Palacio de Justicia e incineró a los magistrados de la Alta Corte y a cientos de civiles inocentes. 

Un mal individuo y un mal administrador como ya lo demostró en Bogotá, que al parecer olvida todas las fechorías que él y los suyos cometieron, porque dice haber sido “un joven político revolucionario”. Hoy posa de estadista y pretende llegar a la Casa de Nariño, por medio de la democracia que siempre ha desconocido y deshonrado, para replicar el nocivo modelo comunista de La Habana, que anda diseminado carcomiéndose buena parte de la América Latina.

Un populista de extrema izquierda como los que describe Thomas Sowell (economista y teórico social estadounidense), de esos que creen que son los únicos que “pueden hablar de los oprimidos” con propiedad, y que se sienten “salvadores del medio ambiente o cualquier otra  cosa que esté de moda”.

Nuestra única salida radica en que se logre consolidar una gran alianza anticomunista, una gran coalición que reúna y enriquezca los postulados democráticos por los que tradicionalmente ha caminado Colombia. Un acuerdo donde todos aporten y todos se comprometan, ojalá, a largo plazo, y que sea capaz de despertar un sentimiento nacional que convoque a todos los demócratas, que seduzca a los abstencionistas y a los indecisos. 

Una gran alianza de donde, en marzo próximo, se elija al que habrá de representarnos y a quien unidos podremos llevar a la Casa de Nariño.

Las próximas elecciones serán atípicas, no estaremos eligiendo presidente como de costumbre. No. Serán unas elecciones en las que más que un individuo o un partido, estaremos eligiendo un sistema de gobierno, un modelo de país. 

Serán  elecciones decisivas. Nos jugaremos nuestro futro, el de nuestros hijos y nietos y, vaya uno a  saber cuántas generaciones más, porque hay que tener presente que  regímenes como el que pretende el ex guerrillero Petro, se sabe cuándo empiezan pero no su final.

En nuestras manos está si elegimos ¡comunismo o libertad!

@cdetoro

Publicado: diciembre 4 de 2021