Santos se ha dedicado a drenar las arcas nacionales para construir una alianza política que le ha permitido gobernar.

Desde que asumió el poder en agosto de 2010, Juan Manuel Santos se ha consolidado como uno de los más grandes corruptores de la historia de Colombia. Configuró una alianza parlamentaria, conocida como unidad nacional, repartiendo jugosas tajadas burocráticas y entregando el control de entidades fundamentales a políticos inescrupulosos que han aprovechado estos 6 años y medio para enriquecerse fabulosamente desfalcando las arcas del Estado.

Armando Benedetti, ese mismo que dos semanas antes de que se conociera el auto politiquero de la cuestionada Lucy Jeanette Bermúdez, anunció que el Consejo de Estado había tumbado la victoria del NO, es el amo y señor de Fiduprevisora entidad que ha estado involucrada en dramáticos actos de corrupción como el saqueo a la educación en Córdoba.

La sala penal de la Corte Suprema tiene en su poder todas las pruebas que demuestran que en ese millonario robo estuvo involucrado el senador Benedetti, tal y como lo revelaron LOS IRREVERENTES hace algunas semanas. (Sobre este caso de corrupción puede leer “Involucran a Armando Benedetti con desfalco a la educación”, “¿Ha nacido la Benedettipolítica?” y “El Benedettitumbe”).

En enero, cuando culmine la vacancia judicial, se producirán los primeros resultados de la investigación que el alto tribunal adelanta contra Benedetti, sin duda uno de los congresistas mas “consentidos” por Juan Manuel Santos y quien en más de una oportunidad ha sido el encargado de hacer el trabajo sucio del gobierno nacional.

Otro de los grandes beneficiarios del talante corrupto de Santos ha sido Roy Leonardo Barreras quien controla Caprecom, EPS encargada del cuidado de la salud de los habitantes de 528 municipios.

El término mermelada fue acuñado por Juan Carlos Echeverri, quien fuera el primer ministro de Hacienda de Santos. En criterio de él, era necesario que el presupuesto nacional pudiera llegar a todos los sectores políticos con los que Santos quería aliarse. En palabras de Echeverri, “la mermelada debe poderse expandir por toda la tostada”.

Aquel gráfico ejemplo fue el “sustento filosófico” para convertir al nuestro en uno de los países más corruptos del planeta.

Hoy, Echeverri es presidente de Ecopetrol, empresa que le regaló un millonario contrato al esposo de la magistrada Lucy Jeanette Bermúdez, antes de que ésta emitiera la proclama politiquera disfraza de auto del Consejo de Estado. (Sobre esta historia, puede leer “La magistrada mandadera”).

Este contrato pone de presente una situación muy delicada y es la politización de Ecopetrol. Así como Hugo Chávez convirtió a PDVSA en el banco con el que financió su miserable revolución, Santos está utilizando a la estatal petrolera colombiana como chequera para consolidar su pacto de paz con Timochenko y eso es francamente inadmisible.

Santos ha reemplazado su falta de carisma y liderazgo comprando conciencias. Ha seducido a algunos miembros de la rama judicial para que desaten una feroz persecución contra el expresidente Uribe y sus colaboradores. Los grandes medios de comunicación también han sido beneficiarios de esa mermelada y aquello explica la campana neumática que se le ha puesto a todos los escándalos del gobierno. Buena parte de las salas de redacción, cabinas radiales y sets de televisión se han convertido en extensiones de la oficina de prensa de la Casa de Nariño.

Desde antes de ser presidente de Colombia, Santos soñaba con lograr el reconocimiento mundial. Su vanidad lo condujo a extremos insospechados. Cuando Tonny Blair, a comienzos de este siglo presentó la Tercera Vía, fallida teoría política ideada por el profesor Anthony Giddens, Santos, sin ponerse colorado, plagió la obra, la tradujo al español, le agregó algunos párrafos y presentó el libro a los colombianos diciendo que lo había escrito a 4 manos con el entonces primer ministro Blair, cosa que jamás sucedió

Su sed de figuración, en los años 90 del siglo pasado, lo terminó llevando a los campamentos del terrorismo para pactar un golpe de Estado contra Ernesto Samper. Desde siempre, Santos ha tenido una gran debilidad por las conspiraciones y las traiciones. (Sobre las conspiraciones de Santos, puede leer “Cuando Santos se reunía con Castaño”).

El proceso de paz con los terrorista de las Farc, finalmente, se convirtió en el camino para lograr el anhelado reconocimiento de la humanidad. A Santos lo tiene sin cuidado que el pueblo al que gobierna lo desprecie. Para él, vale mucho más que un periódico de Noruega lo alabe.

Y como se ha repetido insistentemente en este portal, ese Nobel no fue ni espontáneo ni ganado transparentemente. ¿Por qué el gobierno le dio a la empresa petrolera de Noruega dos yacimientos en el Caribe colombiano, cuando esa compañía nunca había estado presente en nuestro país? Llama poderosamente la atención que después de hecha la adjudicación, desde Oslo el politizado comité del Nobel, anunciara a Santos como el galardonado de 2016. (Sobre la compra del Nobel de Paz, puede leer “No hay almuerzo gratis”)

Esta es la radiografía de un gobernante fallido que llena sus múltiples vacíos intelectuales y humanos comprando conciencias y configurando alianzas con base en la repartición de la burocracia estatal. Para exponerlo de manera sencilla, Colombia está siendo gobernada por un comprador compulsivo. Lastimosamente aquellas compras se hacen con cargo al presupuesto nacional.

@IrreverentesCol