Esta jornada de eliminatoria implicó un nuevo comienzo para la selección. Después de las vergonzosas derrotas contra Ecuador y Uruguay, el equipo mostró una cara distinta con la que se puede pensar en un proyecto interesante. Queda mucho por delante y la competencia en Sudamérica es única, pero lejos de caer en triunfalismos hay que pensar en un proceso paso a paso.

Si les soy sincera, no dejo de pensar que esas fatídicas caídas con nueve goles en contra en dos partidos tienen un ingrediente adicional que no conocemos. Ecuador no es más que Colombia y la diferencia con Uruguay no es tan abismal. ¿Los jugadores sacaron a Queiroz? ¿Los referentes arreglaron perder por goleada para forzar un cambio de técnico?

Eso solo los protagonistas lo saben y quizás nunca salga a la luz la verdad. Pero lo que sí es evidente es que se notó el cambio de un partido a otro. ¿Fue la mano de Reinaldo Rueda? ¿Oxigenó al equipo el hecho de no haber convocado a James y Falcao? ¿Rueda llegó a poner orden al vestuario? ¿Los demás jugadores se sienten más cómodos sin los referentes?

Muchos son los factores y difícilmente se puede atribuir la mejoría a uno solo. Sin embargo, es claro que algo pasó. Ahora bien, esto no quiere decir que tocamos el cielo y ya vamos a ser campeones. Estamos a años luz de Brasil y Argentina todavía está lejos en la tabla.

No obstante, si el panorama se mantiene el sueño del mundial puede volver poco a poco. En especial, porque las eliminatorias sudamericanas son únicas. Matemáticamente todos los equipos siguen con chances de clasificar y todavía quedan más de la mitad de los compromisos por disputar.

Ahora bien, si hay algo que debo resaltar de Rueda es su obsesión por exigirles entrega a sus jugadores. En el fútbol se puede jugar bien o mal, pero lo que no puede estar en discusión es ese instinto agresivo con el que hay que ir a trabar cada jugada. Los 11 jugadores deben tener claro que portar la camiseta de la selección no sólo sirve para tomarse fotos y salir en propagandas, sino que acarrea una responsabilidad con todo un País que no se puede negociar por caprichos individuales.

Por eso, es bueno que se ponga orden y se dejen las cosas claras con el equipo, más aún cuando es el momento de llevar a cabo un recambio generacional donde nuevas figuras deben entrar a la selección sabiendo que el mundo no gira alrededor de ellos, sino que son una ficha más dentro de un plantel.

Todavía queda mucho por jugar. La copa América será vital para afianzar al equipo y dejar sentadas las bases de un proyecto que ojalá sea a largo plazo. Hay muchas cosas por mejorar, pero este arranque le devuelve un poco la ilusión a un País que ya se veía por fuera del mundial.

@Tatacabello

Publicado: junio 11 de 2021