Decir que al presidente Duque “le tocó bailar con la más fea” es quedarse muy corto en el análisis. No veo cómo diablos hubiesen podido ser peores las circunstancias que le tocaron. La peor pandemia en 100 años, la peor crisis económica de la historia, la mayor crispación política en décadas, la existencia de una prensa antagonista, y unas redes sociales desbordadas de desinformación y odio. Pero estoy convencido que la historia va a juzgar benévolamente al presidente Duque. Duque ha hecho lo mejor posible dentro de una situación imposible, y si los técnicos de mi antiguo empleador JP Morgan tienen razón, el presidente y su equipo podrán mostrar una recuperación de 7.5% año/año en el PIB este año. Ese sería un gran regalo post pandemia.

Pero como nada es gratis en este mundo, el país necesita entender que haber apagado la economía del país por 3 meses durante el 2020 generó costos inmensos que habrá que pagar. Y por eso es necesario avanzar en una reforma fiscal ya, pues la trayectoria de la deuda pública se deterioró mucho el año pasado. Soy de esos personajes enchapados a la antigua, esos que crecimos viendo el ejemplo de padres y abuelos que trabajaron de sol a sol todos los días de su vida, y que pagaron sus cuentas a rajatabla porque eso es lo que hace la gente decente. En mi entorno nunca se pidió nada gratis. Mis padres y abuelos siempre entendieron que en este mundo hay que trabajar para recibir.

A propósito, los colombianos le debemos un sincero agradecimiento a todos los expertos que trabajaron en la comisión de incentivos tributarios por siete meses en la formulación de una serie de recomendaciones para mejorar el sistema tributario. Muchos de los temas fundamentales tratados por la comisión se están incluyendo en el texto de la reforma fiscal que está socializando el Ministro Carrasquilla. Entiendo que la reforma busca avanzar aún más en la disminución del costo que implica la formalización en Colombia. Según los cálculos de la comisión, la tasa efectiva de tributación para un negocio formal en Colombia hoy en día alcanza 54.6% de las utilidades que genera una empresa, niveles que sobrepasan, por mucho, los existentes en otros países con los que compite Colombia. Por lo tanto, la comisión recomienda seguir en la senda de abolir impuestos que fomentan la informalidad como el ICA y el impuesto a las transacciones financieras, y continuar en la senda de disminuir la tasa de impuesto de renta corporativo.

Por el lado de los impuestos a las personas naturales, la comisión le recomienda al gobierno, entre otras cosas, que le cobre impuesto de renta a las pensiones altas. No hay forma de que estuviera más de acuerdo con esa recomendación. El sistema pensional de prima media es el mayor monumento a la inequidad que tiene Colombia. Se oye que el gobierno está pensando en cobrarle algo de impuesto a la renta a las pensiones superiores a 7 millones de pesos mensuales. Según mis cálculos, el gobierno central está subsidiando anualmente una pensión de 7 millones de pesos mensuales a cargo de Colpensiones con 48 millones de pesos de los contribuyentes. Así como lo lee, los impuestos de los colombianos ponen 48 millones de los 84 millones que cuesta esa tensión anualmente. 48 millones alcanzarían para pagarle la educación anual a 13 niños pobres. Díganme lo que quieran, pero no puede ser que 13 niños pobres se queden sin educación para pagarle una pensión alta a una persona acomodada en Colombia. 

@AlbertoBernalLe

Publicado: marzo 30 de 2021