Colombia sigue siendo el segundo país más sembrado de minas antipersona en el mundo. Más de 10.000 muertos, soldados, hombres, mujeres y niños han sido asesinados por estos artefactos explosivos.

Las Fuerzas Armadas de Colombia le cumplieron al mundo y en un acto de valor con su país, erradicaron todas las zonas que tenían minadas, corriendo el peligro de ser atacados en sus bases y batallones militares por guerrilla y paramilitares. Expresaron así, su compromiso con la prohibición de minas antipersona como arma de guerra.

La narco terrorista guerrilla FARC no cumplió jamás con este compromiso del Derecho Internacional Humanitario (DIH).  Por eso no entendemos cómo, se le otorgó tan fácilmente calidad de conflicto a una amenaza narco terrorista. Vemos, sin embargo, cómo estos terroristas hacen alarde del DIH permanentemente, exigiéndolo a los demás cuando ellos no lo cumplen.

Más absurdo aún es la falta de diligencia de FARC, al sembrar las minas. Jamás tuvieron el cuidado de hacer un inventario, por eso hoy simplemente adivinan los sitios probables. Extraña la seguridad con que afirman saber dónde están. No se preocuparon por anotar donde quedaban ubicadas. Su único fin, matar soldados y civiles sin distingo alguno. El gobierno, los exmilitares y militares encargados del desminado, no se han pronunciado sobre esto, sabiendo la peligrosidad que esto implica.

Las minas antipersona en Colombia además tienen características que las hacen muy diferentes a las industriales. Son artesanales, hechas a mano, no obedecen a  método de fabricación alguno. Son de varios tamaños y componentes que nada tienen que ver unos con otros. Cada mina de FARC es distinta, lo que hace muy difícil el desminado con aparatos especializados, aumentando además el riesgo de morir cuando el proceso es manual.

No contentos con esto, FARC, en su maldad infinita, no tuvieron en consideración las inundaciones por aguaceros en el país. Todos sabemos que Colombia es de excesos en cuanto a lluvias y sequía, vivimos cuidándonos de uno y otro permanentemente. Las minas, además de hechizas, están mal sembradas y se mueven fácilmente en temporada de lluvias con la desgracia que se ubican en caminos que usan las personas, cerca de escuelas y centros de salud, en fin, en sitios de paso de personas inocentes, que nada tienen que ver con este terrorismo que los amenaza. Así han muerto o han sido heridos muchos Colombianos.

No se le ha dicho claramente a Colombia, cuál es el inventario de minas entregado por las FARC, tampoco ha quedado claro cuántas minas han desactivado, como es la relación tiempo, desminado y presupuesto.  Se irán muchos recursos para resolver un problema que además de ir contra la normatividad internacional, ha sido usado de manera negligente por esa narcoguerrilla FARC para matar soldados y población inocente.

Quiero llamar la atención sobre lo siguiente, éste es otro pecado de las FARC que quedará en la impunidad, ellos seguirán en la vida nacional con oportunidades que jamás tendrán nuestros soldados o todos aquellos afectados por las minas antipersona que ellos sembraron.

El mundo no acepta que delitos de lesa humanidad como son los asesinatos y heridas causadas por mina queden impunes. Las víctimas merecen respeto. El principal logro del postconflicto es evitar repetición y nuevas violencias, generando una sociedad igualitaria y no un desequilibrio en donde los premiados son los terroristas.  Que tengamos un proceso de paz, no puede ser excusa para violar las normas y descuidar a los más afectados por las FARC.

@AliciaArango