En esta segunda vuelta, tres grupos de ciudadanos tienen en sus manos la salvación de la democracia: los abstencionistas, los del voto en blanco y los antioqueños. 

Se abrirán las urnas con un empate entre Petro y Rodolfo Hernández, con la diferencia de que el candidato socialcomunista cuenta con el apoyo de los sectores más oscuros de la política colombiana, expertos en manipular resultados, en comprar votos y en constreñir electores. 

Las proyecciones estadísticas apuntan a que Hernández tendría una ventaja minúscula de entre uno y dos puntos porcentuales, que se traduce en 200 a 400 mil votos. 

Para que la victoria del ingeniero sea incontrastable, resulta prioritario que los que han manifestado votar en blanco entiendan de una vez por todas que esa opción favorece única y exclusivamente a Petro. 

Si quieren salvar la democracia, mantener incólume el régimen de libertades humanas, gústenle o no, es necesario elegir a Rodolfo Hernández como próximo presidente de la República. 

El problema a resolver en este instante es el de impedir la victoria de Petro. Una vez elegido Hernández, habrá que configurar un esquema de oposición que supervise todas y cada una de las acciones del gobierno en cabeza del ingeniero exalcalde de Bucaramanga. 

La principal garantía: que el año entrante habrá elecciones regionales libres y 4 años alternación en el poder presidencial, situaciones que evidentemente no se presentarán bajo un régimen en cabeza de Gustavo Petro. 

Algunos “centristas” e ingenuos han empezado a formular la pregunta retórica respecto de cuál es el modelo político que existe en Venezuela. Inquieren si hay comunismo o no en la llamada República Bolivariana. 

Más que eso, hay que revisar los estándares de libertades que existen en ese país. Y para ello es prioritario remitirse a la organización que goza de la mayor respetabilidad en el mundo para ese tipo de mediciones: el Freedom House, un instituto fundado en los años 40 del siglo pasado, asentado en la ciudad de Washington. 

Freedom House establece que Venezuela es un país “sin libertad” y en la escala de valoración de derechos políticos, que va de 1 -menor calificación- a 40 -mayor calificación-, lo ubica en el número 1.

En términos de libertades civiles, la escala de menor a mayor es de 1 a 60. Venezuela está en el número 13. 

Claramente Colombia no está en el mejor de los mundos, pero sí está en una situación dramáticamente superior a la de Venezuela. 

Y en un gobierno de Petro, será en cuestión de meses que el país quede al mismo nivel del vecino país. 

Que los antioqueños, cuyos votos son definitivos, comprendan la magnitud de la responsabilidad que se ha depositado en sus manos. Sin los 2 millones de votos que Antioquia puede ponerle sin mayores dificultades al ingeniero Rodolfo Hernández, será muy difícil derrotar a Petro quien en la primera vuelta obtuvo poco más de 670 mil en ese departamento. 

Lo cierto es que están en juego los restos de la democracia colombiana. Hay que aumentar el número de votantes que hace 3 semanas fue del 54.9% del censo electoral. Cada punto porcentual adicional ayudará a ampliar la victoria del candidato Hernández, el garante de la supervivencia de la libertad en Colombia. 

@IrreverentesCol

Publicado: junio 18 de 2022