“Gobernar” proviene del latín gubernare que significa “pilotar el barco”.  Un buen gobernante o capitán conoce la marea, sabe cómo funciona su embarcación, identifica a cada integrante de su tripulación, aprovecha la fuerza de los vientos, entre otras cualidades y destrezas.  En Colombia pocos se han graduado como “buenos capitanes”, pero lo peor está por venir: el barco ha sido secuestrado por una horda de piratas. ¡A por ellos!

El anterior párrafo es la contraportada de un libro de mi autoría que publicaré el próximo mes de agosto, el cual lleva por título “Colombia Pirata: Manual de Teoría y Acción Política”.  A continuación, en primicia para Los Irreverentes, presento algunos fragmentos que espero sean del agrado e interés de los lectores:

Decir que Colombia es un Estado “pirata” implica decir que es ilegítimo de muchas maneras.  La realidad colombiana da cuenta de ello: tener niños muriendo de desnutrición en la Guajira; ser uno de los países más desiguales del mundo; mantener una confrontación armada de medio siglo; entre muchos otros ejemplos.

¿El modelo es perverso por definición? Es poco probable, otras sociedades con los mismos postulados han alcanzado la civilización y el progreso.  En otra palabras, el problema no es el barco sino quienes se han hecho a su control, quienes ostentan el poder.  Tener el poder implica ser el tomador de decisiones (escoger el puerto), distribuir los recursos, repartir las cargas y los beneficios, dominar y disponer de los otros, etc.

La toma del barco se asemeja a lo que teóricos como Luis Garay denominan “captura y reconfiguración cooptada del Estado”. Lo que hace a Colombia un Estado pirata es que su gobierno o conducción está en manos de personas inescrupulosas que velan por su beneficio y lucro, en detrimento del bienestar colectivo y el interés general.

El fenómeno de captura va desde el soborno como práctica selectiva hasta la toma o asalto total del barco que conlleva a que el andamiaje institucional termine por completo al servicio de los captores y sus intereses.  En Colombia el cáncer de la corrupción ha hecho metástasis y podemos hablar de este segundo escenario donde la totalidad de la estructura estatal, en todos sus niveles y componentes, se encuentra permeada por intereses piratas.

Según el mismo autor (GARAY, 2010), la captura en Colombia se produjo de abajo hacia arriba, concluyendo que los partidos políticos jugaron un papel instrumental importante. Luego, o de manera concomitante, hubo tres momentos o facetas del asalto: 1) Pretender hundir al barco, 2) Secuestrar el capitán y 3) Tomarse por completo la estructura estatal.

Si bien es un modelo de captura que se alimenta desde abajo, lo cierto es que el asalto se mantiene o sostiene desde arriba, en lo que se puede denominar la “herradura de poder”. Esta es la estructura que sostiene el régimen pirata en Colombia.  Todo el sistema de pesos y contrapesos  resulta ineficaz frente a esta matriz que sostiene a los mismos actores, sectores e intereses en la dirección del Estado.

La pregunta que surge es: ¿Cómo despiratizar a Colombia?

@jjUcategui

Publicado: junio 12 de 2017