Transitamos por un momento crucial para el futuro de nuestro país. A menos de una semana del anunciado paro nacional, vivimos un ambiente enrarecido, se percibe una atmósfera tensa y compleja que persiste en poner en entredicho y bajo incertidumbre, el porvenir de la sociedad colombiana.

No es para menos. No son pocas las cuentas en redes sociales que día tras día invitan a salir a las calles y en algunos casos a reventar la institucionalidad. Proclamas que buscan iniciar un incendio nacional pululan en los muros y perfiles de muchos colombianos. El falso espejo de países como Ecuador, Chile, Bolivia e incluso Hong Kong, atizan el clamor de la multitud de colombianos que consideran tener razones para emular las movilizaciones de otras latitudes.

No me considero quien para determinar la legitimidad de una protesta o no. Es más, en muchas ocasiones he acompañado varias movilizaciones ciudadanas en su intención de promover una idea, respaldar a un líder político e incluso he rechazado en las calles a los grupos terroristas que han supuesto el mayor desafío del siglo XX y XXI para nuestra Colombia. Mal haría yo en rechazar la protesta social, pues es un valor civil, un derecho fundamental y quizá una de las piedras angulares de nuestra tradición legal y constitucional.

Sin embargo, marchar en rechazo a verdades a medias, noticias falsas y cifras amañadas, nada tiene que ver con una protesta necesaria para el país. Si a eso le sumamos el caos, el terror, la anarquía y la destrucción de la propiedad pública y privada que en el pasado reciente han acompañado a las movilizaciones de este tenor; protestas cómo la del 21, no pueden ser el reflejo de una sociedad que ha perdido el norte. Ni alimentarse de una cultura del odio de clases y modelos importados de la izquierda latinoamericana, que buscan desestabilizar a un gobierno, que aun con errores (cómo toda construcción humana), ha dado muestras inequívocas de luchar de frente contra la corrrupción y las prácticas politiqueras.

El país está alcanzando niveles de crecimiento económico como hace mucho no veíamos, con grado de inversión y confianza inversionista. Y esto es gracias a un gobierno liderado por un hombre bueno. Escogió un gabinete mayoritariamente compuesto por mujeres, incluyente, técnico y respetuoso de las formas. Un Gobierno con el mayor alza del salario mínimo en años y que estableció el mayor presupuesto en educación. Un Gobierno que a pesar de los constantes paros y marchas, dialoga con los colombianos; un gobierno sin interés reeleccionista, sin populismo y, por el contrario, con tecnocracia, respetuoso de las instituciones democráticas y de las diferencias con sus contradictores.

Lo siento mucho. Respeto a quien en su corazón sienta la necesidad de marchar, está en su derecho. Pero hoy más que pedirles que le Paren-Bolas a la marcha, les pido a mis lectores que reflexionen sobre la dimensión de sus decisiones, pues pasar de las actitudes críticas a las destructivas, hay solo un paso. Echar por la borda la institucionalidad por desacuerdos o malestar con un gobierno, es muy fácil, pero tiene un costo social muy alto. Borrar una constitución democrática y reescribirla, es muy sencillo, pero para que las instituciones maduren, la economía prospere y la democracia se consolide, los colombianos necesitamos más dialéctica y menos violencia.

Mucho cuidado porque el vandalismo lo pagamos todos. El bien común, el sistema económico vigente como eje del progreso social y la búsqueda de la equidad, son prioridades que deben primar en la gran mayoría de colombianos. Por ello no podemos caer en la ingenuidad ni en el juego de aquellos que nos quieren llevar a que se perpetúe en el país una lectura que indica que nuestro proyecto de sociedad ha fracasado y que todo está perdido. No dejemos que se pierdan 200 años de lucha republicana en un instante, porque a pesar de tantas vicisitudes por las que ha caminado nuestro país, Colombia nunca ha dejado de avanzar.

Prórroga:

Si definitivamente quieres protestar, hazlo con creatividad, inteligencia y respeto por los derechos de los demás, nunca admitiendo las vías de hecho o la violencia, que lo único que hacen es lastimar la patria.

@gabrieljvelasco

Publicado: noviembre 19 de 2019