Ni en el más remoto de los casos, cuando como ciudadanos vaticinamos situaciones que pudiesen llegar a presentarse en nuestro país, nos imaginamos que alguien fuera capaz de poner una bomba en un baño. Eso no le cabía a nadie en la cabeza hasta el pasado sábado. Se hablaba de cualquier lugar, pero jamás de un baño; menos de mujeres… Lo sucedido en el Centro Andino de Bogotá, reventó el alma de nuestro país, y despertó el sentimiento de rechazo profundo del pueblo: la gente no le va a dar ni una sola opción al narco- terrorismo.

Colombia exige mano dura. No más palabritas bonitas, ni posiciones políticas pusilánimes. No más impunidad. No más consentimiento a narco-terroristas cínicos y caprichosos. La gente está hablando fuerte, porque se cansó de tanta falacia oficial: no aguanta más esta farsa que se ha encargado de auspiciar el gobierno del Nobel.

Es tiempo de apretar las clavijas, de poner al servicio de la ciudadanía los mecanismos de inteligencia con que cuenta el estado colombiano, para maximizar las alianzas de nuestros organismos de seguridad con sus pares del primer mundo, especialmente con la Interpol. Porque de lo contrario, para todos será claro que la única paz que nos podrá garantizar este gobierno -detestado por la inmensa mayoría-, es la de los sepulcros.

No dan ganas de escribir. Las lágrimas se asoman por los ojos en estos momentos. La desazón ante el panorama de nuestro país es gigantesca. No hay derecho a tanta estupidez política. No hay derecho a tanta “conveniencia informativa”. Lo que está pasando con el Eln y con las células urbanas farianas, muchas de ellas incrustadas en los campus de las universidades públicas, no pude ser visto como una “manera de atropellar el proceso de paz” por parte de la oposición.  Ese jueguito propagandístico que le encanta a los seguidores del señor Santos está llegando a su fin, pues los hechos brutales de los terroristas aplastan cualquier esfuerzo e intención que repose en el corazón de los responsables de los “diálogos de paz” con una narco-guerrilla soberbia, cegada por su ideología asesina.

Estamos convencidos que la sangre de las víctimas y el dolor de sus familias merecen respeto. Que no se le olvide esto a nadie, incluso a quienes ponen bombas en los baños de mujeres. Esta reflexión está dirigida especialmente a los jóvenes partidarios de la Revolución, que tienen acceso a laboratorios de química durante la semana: Matar no es válido en ningún caso. Ni siquiera en nombre del pueblo.

Antes de seguir, nos permitimos aclarar que quienes llevan a cabo actos terroristas como el del sábado en la tarde, no representan al pueblo, porque en medio de sus proyectos, se les olvida salir a sufragar el día de elecciones en la mayoría de los casos. Esa es una de las leyes de los mamertos: criticar hasta secar a la contraparte, pero no aportar como corresponde en el debate electoral. Está demostrado hasta la saciedad: quienes defienden al comunismo en el ámbito de la democracia no tienen cómo competir. Los casos de Cuba y Venezuela son evidencia de este argumento.

Dios de la Vida, elevamos una oración por las víctimas del atentado terrorista del Centro Andino. Nos unimos a sus familias y ofrecemos nuestro sentimiento de solidaridad, que se transforma en grito de protesta desde el fondo del alma.

Con todo respeto: Rendimos tributo al arquitecto de la reunificación alemana, Helmut Kohl, gigante en todo el sentido de la palabra. Este coloso, con férrea voluntad y fidelidad a los valores que hacen posible la civilización, emergió con luz propia en el mosaico estelar de la historia universal, como ejemplo de liderazgo e inteligencia política. Su papel en el regreso de la Libertad al este de Europa es indiscutible. Que Dios lo bendiga y lo reciba en el Paraíso, porque pocos estadistas del siglo XX tienen la prestancia de este digno sucesor de Konrad Adenauer, referente perenne de grandeza. ¡Gracias por su talante, canciller Kohl! ¡Gracias por su testimonio de patriotismo, conocimiento y calidad!

 Un pueblo que no conoce su historia no puede comprender el presente ni construir el porvenir” – Helmut Kohl.

@tamayocollins

Publicado: junio 21 de 2017