Llegó el momento de romper las cadenas de la corrupción y liberarnos del peor flagelo que afecta a Colombia.

Son tantas cosas las que pasan al mismo tiempo en Colombia, que muchas veces no alcanzamos a profundizar en sus efectos, causando un perjuicio a la mentalidad y forma de vivir de los colombianos. 

La velocidad con que suceden es un mecanismo para esconder muchas realidades y al tiempo sirve para juzgar y sentenciar sin pruebas. Esa velocidad lleva a no poner atención a hechos graves, de implicaciones profundas en nuestra sociedad y su forma de manejar y calificar los hechos. Al punto que muchas actuaciones son miradas con benevolencia, justificadas sin razón, haciendo un daño grave a la consciencia colectiva que se confunde entre lo que es bueno y lo que es malo y por lo tanto lo acomoda equivocadamente a lo que más convenga en el momento.

Estallan y estallan episodios de corrupción en todo el país. Hace parte de nuestro diario vivir, más grandes, más pequeños, de diferente tipo, pero sin duda, la corrupción, hace parte de nuestra cotidianidad. 

Ahora, están vivas y en boca de todos, las coimas recibidas por funcionarios, congresistas y otros por parte de la firma Odebretch. Es claro y así lo expuso la justicia de Estados Unidos que hubo corrupción en la contratación que hizo el gobierno con esa firma, entre los años 2009 y 2014. Claramente cobija a los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez y el actual de Juan Manuel Santos. 

El expresidente Álvaro Uribe Vélez como es su costumbre salió enseguida a poner la cara para pedir las más altas condenas sin contemplación a quienes de su gobierno hubieran incurrido en este grave delito. Así mismo, para los comprometidos en actos ilegales del gobierno Santos. 

Como es su costumbre salió el presidente Juan Manuel Santos, a culpar al gobierno de Uribe y a excusar a los funcionarios de su gobierno. Santos todo lo resuelve culpando a Uribe, cualquier cosa que sea. Hoy, cuando la Fiscalía General de la Nación avanza en capturas, se ha visto obligado a decir que sí alguien de su gobierno es culpable debe caerle todo el peso de la ley. 

La corrupción es la peor enfermedad que sufre Colombia. Hace parte de nuestro diario vivir. Mientras Colombia no logre una verdadera independencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, los órganos de control sigan cooptados por la politiquería, sigamos jugando al tu me nombras yo te nombro, sigamos eligiendo a corporaciones públicas con voto comprado, no tengamos la capacidad de denunciar libremente, porque si denunciamos nos va peor que al corrupto, no existan mecanismos claros de combate a la corrupción, no se quede en discurso el combate a la corrupción, no existan verdaderas sanciones sociales a los corruptos, no haya desde niños una educación dirigida a rechazar todo tipo de corrupción, no juzguemos a personas como corruptas sin serlo y sin pruebas, o exijamos que toda investigación termine y muestre resultados no se quede durmiendo el sueño de los justos, no se sancione a quien prejuzga con fines políticos o de animadversión por las personas, excusemos o justifiquemos a corruptos, no lograremos ser un país libre de corrupción. 

La esperanza que nos queda es que si queremos y cumplimos lo dicho anteriormente, lograremos ser un país libre de corrupción. Lo más importante son la voluntad y la determinación y esos no cuestan nada distinto al compromiso del alma de cada persona. Ese compromiso es imbatible, no lo penetra nada ni nadie. Llegó el momento de romper las cadenas de la corrupción y liberarnos del peor flagelo que afecta a Colombia. 

P.D. Aplaudo las acciones de Fiscal contra la corrupción. Tengo la esperanza que sea un compromiso del alma.  Fiscal, ¡ayúdenos a desencadenarnos! 

@AliciaArango

Publicado: enero 18 de 2017