En todas las elecciones, se oye decir que se trata de certámenes definitivos para el país. Esta vez, es en serio. Es muy posible que los colombianos estén de cara a la última elección libre de su primer mandatario. 

El país ha sabido sortear las amenazas contra su régimen democrático. Los carteles del narcotráfico, los grupos guerrilleros y paramilitares, hicieron hasta lo imposible por destrozar los valores republicanos de la nación, sin éxito en su empeño. 

Mientras otros países de la región cayeron en las garras de dictaduras militares, Colombia se mantuvo firme en la defensa de su libertad. Hubo una sola excepción, vergonzosa por demás, durante los 4 años de la dictadura del corrupto general Rojas Pinilla en los años 50 del siglo pasado. 

El panorama es en extremo angustiante: Petro tiene todas las de ganar. Quizás no lo logre en la primera vuelta, pero sí en la segunda. Su grupo político está envalentonado y ha dado muchas pistas de lo que piensan hacer cuando alcancen el poder.

El oscuro abogado Miguel Ángel del Río anuncia encarcelamientos, exilios y persecuciones a diestra y siniestra. El jefe comunista y senador de las Farc Iván Cepeda anuncia, sin asomo de vergüenza, que el proyecto político de ellos no es de años sino de décadas.

Militantes enfurecidos del petrismo, a su vez, amenazan periodistas. Como delincuentes de poca monta, agazapados en una oscura esquina esperan a sus víctimas garrote en mano. Se ha dicho hasta la saciedad, Petro ha notificado a Colombia de que no va a gobernar sino a ajustar cuentas, a hacer el cobro de lo que la brutal Francia Márquez llama “deuda histórica”.

Millones de colombianos, invadidos por el pánico, empiezan a evaluar la posibilidad de emigrar; no quieren estar en un país gobernado por el comunismo disfrazado de “progresismo”. Temen por su futuro y el de sus descendientes, como también le temen a la despiadada persecución que inevitablemente se desatará contra todos los que de una u otra manera se opongan al régimen.

La opción a la mano para revertir la tendencia consiste en que se le quiebre la espina dorsal a la abstención. Con un elevado número de electores concurriendo a las urnas, el registrador Vega, cuyo proceder es semejante al de los delincuentes que operan sin capucha, tendrá serias dificultades a la hora de perfeccionar el fraude a favor de Gustavo Petro. Igualmente, un mayor número de electores, puede facilitar que la ventaja con Petro sea menor.

En 1998, cuando Serpa buscaba perpetuar el narcorégimen de Samper los colombianos entendieron que la única manera de derrotar a la maquinaria gubernamental era votando masivamente. Y así ocurrió. En la primera vuelta hubo una participación del 54.6% y en la segunda se logró la más alta de la historia reciente. El 62.5% del censo electora salió a votar, eligiendo a Andrés Pastrana. 

Al decir popular, las cartas están echadas. Este no es un asunto de la Divina Providencia, sino de los hombres. Que los ciudadanos actúen con la sabiduría que corresponde y que estén a la altura del tremendo desafío al que se enfrentan sin olvidar por un instante, como ya se mencionó, que estas pueden ser las últimas elecciones democráticas del país. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 26 de 2022