Todo parece indicar que están cocinando una nueva trampa en el plebiscito para la refrendación de los acuerdos de paz con los terroristas de las Farc en la Corte Constitucional, cuyos magistrados, mayoritariamente, son hinchas abiertos del gobierno de Juan Manuel Santos.

Como es sabido, el presidente ha enviado toda suerte de mensajes y chantajes a la Corte, llegando al extremo de vender la tesis de que si el plebiscito no se lleva a cabo, las ciudades colombianas sufrirán una terrible oleada de terror por cuenta de las Farc. En otros términos, Santos les estaba diciendo a los togados que si ellos hunden el plebiscito –cuya inconstitucionalidad es evidente-, serán responsables por la sangre que las Farc, en retaliación, harán derramar en el país.

La ley que regula los mecanismos de participación ciudadana impone un umbral del 50% del censo electoral para los plebiscitos. Esto significa que, con el censo actual de 34.729.241, para que un plebiscito cruce la barrera mínima tendrían que salir a votar por el mismo, 17.364.620 personas. En la aprobación de la ley del actual plebiscito, se hizo la primera trampa. El gobierno, tal vez consciente de la baja acogida popular que tiene el proceso de paz, a través de sus mayorías en el Congreso, redujo de manera arbitraria el umbral, poniéndolo en el 13% para cada una de las alternativas. Eso quiere decir que para que el plebiscito sea aprobado, se necesitará del voto favorable de 4.514.801 ciudadanos, es decir, la cuarta parte de lo que prevé la norma original.

A ganar a las malas

Además de estar abusando de los bienes públicos, haber puesto a los altos funcionarios del Estado a participar abierta e ilegalmente en política, contar con el respaldo casi unánime de los medios de comunicación, el presidente parece tener miedo de sufrir un estruendoso revés en las urnas, parecido al que se registró hace pocos días en el Reino Unido, cuando la mayoría de ciudadanos, contra todos los pronósticos y encuestas, votaron a favor de que su país abandone a la Unión Europea.

Y el temor de Santos se delata con algunos movimientos que está haciendo en la Corte Constitucional que en este momento debate la ponencia favorable al plebiscito que presentó recientemente el cuestionado magistrado Luis Ernesto Vargas Silva.

Se dice que en el fallo de constitucionalidad, la Corte estudia la posibilidad de hacer una modulación respecto del plebiscito, eliminando el umbral y dejando que éste se lleve a cabo sin un mínimo de votos como requisito para su procedibilidad. Así, aunque saliera a votar sólo un millón de personas –el 2.8% del censo electoral- y la mayoría de ellos lo hacen por el sí, el plebiscito sería aprobado.

La mayoría de los magistrados de la Corte Constitucional son aliados de Santos.

A Santos lo que le importa es el resultado y no la legitimidad. Negoció durante los últimos 4 años la agenda social y política de Colombia a espaldas de los ciudadanos. Es la hora en que aún no se ha revelado la integridad de lo hasta ahora acordado, hecho que despierta toda suerte de sospechas y desconfianzas, pues lo que es transparente y legítimo no tiene porqué ser ocultado al escrutinio de la sociedad. El se embarcó en lo de refrendar popularmente el acuerdo y, ahora que se da cuenta que no tiene los votos ni el respaldo suficientes, a través de artimañas y nuevas trampas, prepara un nuevo zarpazo: lograr la aprobación de su famoso plebiscito sin que medie un mínimo de votos.

@IrreverentesCol