Mucho se habla en este País acerca de cómo solucionar los problemas de violencia a la mujer y erradicar de una buena vez por todas este detestable fenómeno que desafortunadamente pareciera estar inmerso en las raíces de la sociedad.

En campaña, por ejemplo, los candidatos se rasgan las vestiduras denunciando casos de violencia intrafamiliar o de género, pero después de los enérgicos discursos llega una tensa calma que hace quedar en el olvido este fenómeno.

Por mucho, se logra la judicialización o la persecución mediática de alguno de los responsables, pero más allá de eso no se toman acciones concretas que logren enviar un mensaje ejemplarizante al resto de los sujetos que la sociedad.

Desde la administración, siendo realistas, ni la derecha ni la izquierda han logrado acabar con esta desastrosa realidad que inserta el miedo en el día a día de las mujeres y se disfraza en diferentes excusas para perpetuarse en una sociedad que si bien ha avanzado en este aspecto todavía tiene demasiados aspectos por corregir.

Por ejemplo, lo sucedido esta semana donde el director de una revista le propinó varios golpes a una periodista que simplemente cumplía con su labor es otro inaceptable caso que nos recuerda la dureza de este fenómeno que conlleva a ciertos sujetos que se cobijan en la cobardía natural de sus actuaciones para abusar de las facultades que, en casos como éste, le da su cargo para falsamente pensar que pueden maltratar a sus subalternos.

Sin embargo, lo más preocupante de todo esto son los miles de casos que ocurren a diario pero que por no ser visibilidad los en los medios no reciben un castigo ejemplar y dan pie a seguir siendo reiterados de manera  indefinida.

Las autoridades, en todos los niveles de Gobierno, deberían preocuparse menos por el impacto mediático de sus decisiones y por el contrario procurar la construcción de una política articulada que logre erradicar la violencia contra la mujer.

Las campañas pedagógicas, por ejemplo, parecen no ser suficientes y más allá de generar un comentario en los receptores del mensaje no  mensaje logran materializar cambios en los comportamientos de los sujetos que incurren en estas prácticas.

Entonces, ¿cómo logramos ese cambio?

La respuesta evidentemente no es fácil.  Ante todo se requiere determinación política para poner en la agenda pública esta realidad que transgrede estratos sociales,  niveles académicos y regiones del País para, posteriormente, adelantar un trabajo técnico con todos los actores involucrados de tal manera que se logren construir mecanismos que no se queden en el papel sino que realmente logren detener la violencia contra la mujer.

Si no se hace eso y la clase política sigue preocupada por debatir temas menos importantes, la protección de la mujer seguirá siendo una bandera de campaña que se queda en meros anuncios sin impacto real en el devenir del pueblo colombiano.

@Tatacabello

Publicado: junio 14 de 2019