Se prendieron los motores políticos y electorales en las diferentes regiones de Colombia para enfrentar las elecciones de mitaca, las elecciones para elegir gobernadores, alcaldes, diputados y concejales. Todos los partidos, organizaciones y movimientos políticos están en etapa de planeación para conquistar el poder regional, columna fundamental de la política nacional, soporte de coaliciones en el Congreso de la República y epicentro de intereses económicos de todo orden.

Estas elecciones tendrán dos elementos relevantes:

El primero será el aumento desmedido de candidatos que buscan avalarse a través de la figura jurídica de grupo significativo de ciudadanos. Estos candidatos, venidos del mundo político, empresarial, académico y social, acudirán a esta figura para obtener una careta de independientes que permite presentarse ante los electores como candidatos alejados de las estructuras políticas tradicionales, y con matiz de transparentes para poder fingir batallas contra la corrupción.

 El segundo elemento es importancia que jugara el partido de gobierno, el Centro Democrático, en la composición de las coaliciones partidistas que se comenzaron a tejer en los diferentes departamentos. Esa importancia radica en la figuración y crecimiento electoral que viene teniendo el uribismo en varias regiones, fundamentales para la configuración del mapa político nacional, y en la sombrilla de poder que irradia el tener aval por el Centro Democrático. Otro componente adicional que dará de que hablar, pero que tendrá un efecto de poder electoral, es la potencial alianza entre el Centro Democrático y partidos políticos antagónicos al uribismo.  

Una cascara que no deberían pisar los partidos políticos en las regiones (puesta cautelosamente y estratégicamente por los partidos de izquierda, alternativos y “progresistas) es prolongar el debate presidencial del 2018. Me explico. Las regiones no pueden convertir sus elecciones en debates del orden nacional entre uribistas y petristas, por la elemental razón que en los departamentos y municipios se debe debatir es la solución de problemas colectivos que afectan por igual a ciudadanos uribistas, petristas, fajardistas, liberales, conservadores y sin militancia partidista.

Lo que le corresponde a los partidos políticos, organizaciones de todo orden que pretenden participar en los debates electorales, y a los electores, es exigir rigurosidad a los candidatos a gobernaciones y alcaldías para que en las propuestas y programas de gobierno sean concordantes con el Plan Nacional de Desarrollo, con la realidad presupuestal de sus municipios y departamentos. De igual forma, los electores deben exigir pactos que aborden compromisos éticos y morales que, sumado al cumplimiento estricto del ordenamiento jurídico, mitigue la ocurrencia de hechos escandalosos de corrupción.   

Las gobernaciones y alcaldías del país no pueden convertirse en trincheras del populismo, del fascismo, del petrismo, no pueden ser cuarteles ideológicos para dispararle sin razón a las instituciones democráticas, para seguir deslegitimando el Estado de Derecho, para retar a la Justicia desde balcones, pero tampoco pueden seguir siendo epicentro de  parcelaciones burocráticas donde se reparte sin dios ni ley secretarias, hospitales, corporaciones autónomas o cualquier escritorio que sirva para  robarse hasta el agua de los materos.

@LaureanoTirado

Publicado: febrero 5 de 2019