A pesar que Bogotá genera el 25% del PIB del País y es el principal responsable del recaudo tributario de la Nación, sus vías son desastrosas. Tan solo el 50% de la malla vial se encuentra en buen estado y los esfuerzos que se hacen para mejorarla son insignificantes.

Nada más por mencionar un caso, el acceso a la ciudad por la autopista norte es realmente vergonzoso. La calidad de las carreteras concesionadas de Cundinamarca contrasta con esta trocha que pone a prueba la suspensión de cualquier vehículo y que no soporta las precipitaciones en una ciudad donde llueve la mitad del año.

Y ni que hablar de otras zonas de la ciudad. La 134 entre la 9 y la 19 es un auténtico tobogán, la carrera 7ma, además de padecer el absurdo bici-carril exclusivo, no aguanta un hueco más y las losas destruidas de Transmilenio por la caracas hacen de un viaje en biarticulado una experiencia digna de un parque temático.

¿Por qué sucede esto?

En primer lugar, la asignación dentro del presupuesto de la ciudad para la conservación de las calles es paupérrima. Por ejemplo, de los $23.9 billones que se ejecutarán en 2021 tan solo $134.333 millones se destinaron al rubro de inversión de la Unidad de Mantenimiento Vial -UMV-, o sea, apenas el 0.56% del total.

En contraste, al sector de recreación y cultura se le destinaron $777.243 millones, casi seis veces más recursos para financiar obras de teatro, actividades lúdicas y payasos que para esta administración son más relevantes que proteger la vida de los 513.839 motociclistas que se someten a una ruleta rusa todos los días en Bogotá.

En segundo lugar, administrativamente en la ciudad hay un constante choque de competencias para decidir quién arregla qué calle, dado que entre el IDU, la UMV y las 20 Alcaldías Locales se pasan constantemente la pelota para nunca asumir responsabilidades. Termina siendo más rápida la aprobación de un proyecto de ley en el Congreso que tapar un hueco en un barrio de la capital.

De hecho, no tiene sentido que en Bogotá haya duplicidad de funciones entre el IDU y la UMV. Las funciones de esta última deberían ser asumidas por una dependencia del Instituto de Desarrollo Urbano, lo cual permitiría centralizar todas las intervenciones viales en una sola entidad y, de paso, permitiría ahorrarles a los contribuyentes los $29.552 millones que les cuesta el funcionamiento de la UMV.

En tercer lugar, se estima que la reparación total de la malla vial de Bogotá cuesta $5.4 billones. Aunque la cifra es considerable y normalmente requeriría de varias vigencias futuras para cubrirla, hay que recordar que el Concejo le aprobó al Distrito el año pasado un cupo de endeudamiento por $10.7 billones cuya ejecución hasta el momento brilla por su ausencia.

En vez de estar pintando escaleras y enviando mensajes llenos de odio y resentimiento en Twitter, la Alcaldía debería aprovechar esta habilitación presupuestal para implementar un ambicioso programa de obra pública que solucione este problema. Se generarían miles de empleos, se reactivaría el sector de la construcción y se pondría fin a un problema que eleva los costos de producción de los transportadores, le causa un dolor de cabeza a las familias y avergüenza a la ciudad que debería tener las mejores condiciones viales del País.

@LuisFerCruz12

Publicado: julio 28 de 2021