No me cabe la menor duda que el gobierno de Juan Manuel Santos ha dado clases de improvisación a lo largo de su proceso de paz con las Farc. No solo ha llevado al extremo las leyes, sino también a las instituciones y a los Colombianos, con el fin de que todo “cuadre” con su “famoso” acuerdo.

Sin embargo, sus clases de improvisación no paran y como diría un amigo “siguen pegando todo con babas”. Y lo digo por lo sucedido esta semana en Conejo, en el departamento de La Guajira. Muchos de los pobladores de este corregimiento no podían creer lo que estaban viendo: guerrilleros de las Farc, fuertemente armados, caminando a plena luz del día, al lado de los pequeños de primaria que acababan de salir de clases.

¿Es que nunca pensaron en los riesgos que esto implicaba para los infantes? ¿Cuál era el afán de tener niños en un escenario como este, donde había armas? ¿Acaso querían adoctrinar o mostrar su poderío frente a los menores? ¿Es que no miden las consecuencias, en materia de seguridad, que pueden tener este tipo de conductas?

Y si bien es cierto que los guerrilleros se estaban desplazando a uno de los puntos de concentración pactados en el acuerdo de paz, también es cierto que esa no era la forma. Es una absoluta irresponsabilidad de este grupo armado y del gobierno exponer a los niños y a los pobladores de esa manera.

Deben existir horas puntuales para estos desplazamientos, control de las armas y garantías de seguridad para los pobladores, en los puntos y las zonas donde se van a concentrar las Farc. Sin embargo, eso no ha pasado y ya no va a pasar, según parece. Eso literalmente fue un “hágalo como pueda y cuando quiera”.

Pero los pobladores de dichas zonas no son los únicos que se han dado cuenta de la improvisación del gobierno. ¡Hasta los mismos guerrilleros de las Farc ya lo notaron! En efecto, las quejas por el retraso de las obras y la falta de logística para recibir a esa cantidad de personas, en los puntos de concentración, no se han hecho esperar.

No hay habitaciones, ni luz, ni agua, ni zonas para alimentos, ni servicios de salud, ni sanitarios, ni medicamentos, ni aulas, en muchas de estas zonas. Incluso, no saben si les tocará dormir a la intemperie en “los peladeros”, como llaman algunos guerrilleros a estos espacios mal habilitados. Incluso, se habla de la muerte de una guerrillera, hace dos meses, en una zona de preagrupamiento, por falta de atención médica.

Entre tanto, el gobierno Santos quiere iniciar ya el desarme de los guerrilleros. Mientras que estos últimos están reclamando por el desinterés del gobierno nacional, ya que no cuentan con las mínimas condiciones para hacer el proceso de reincorporación a la vida civil.

En otras palabras, las Farc y el gobierno están de “pocos amores” por estos días. Porque para completar, le ha tocado a las mismas Farc encargarse de la construcción de los campamentos que debía hacer el gobierno.

Pero, como la improvisación no es poca hay más perlas. Misteriosamente pasamos de 17 mil guerrilleros que se iban a desmovilizar, según el presidente Juan Manuel Santos, a menos de 6 mil. ¿Qué pasó con el resto de guerrilleros? ¿Se abultaron las cifras a conveniencia? No saben, no responden. Así como tampoco responden por la totalidad de los niños reclutados por el grupo guerrillero.

Entre tanto seguiremos con más clases de improvisación y con otros “shows mediáticos”, por parte del gobierno nacional, porque esto aún no termina.

@Tatacabello

Publicado: febrero 10 de 2017