Gracias, presidente Duque por su decisión de acabar con la dosis personal de drogas en Colombia.

Cumplió su palabra, y le hizo entender a la nación que, bajo su mandato, priman los derechos de los niños, de acuerdo al Art. 44 de la Constitución Nacional, por encima de sofismas legales que impulsan falsos liberales, individuos egoístas a quienes poco les importa la educación y la formación en valores de las nuevas generaciones.

Gracias, presidente Duque, porque nuestros infantes, incluso bebés de meses, desde ahora podrán disfrutar de los parques, sin estar expuestos al humo de la marihuana que provocan los “adictos recreativos”, a muchos de los cuales no les importa la salud de los más pequeños.

Este gesto de autoridad, refleja su amor de padre y protege a los hijos de las familias colombianas que están creciendo en este momento amenazados por una industria maldita, que ha estimulado el consumo de estupefacientes en el seno de nuestra sociedad, afectando el corazón de miles de hogares en nuestro país.

Gracias, presidente Duque, porque los jíbaros que están reclutando adolescentes entre sus clientes tempranos, no tendrán la facilidad de ejercer sus actividades ilícitas y serán perseguidos como corresponde.

Importante que la ciudadanía informe, colabore y sea parte de la desintegración de estas bandas, particularmente las que tienen operaciones en las inmediaciones de colegios, sitios de recreación, escenarios deportivos y universidades.

La sociedad debe sumarse activamente a este propósito, por este motivo, la difusión de campañas informativas sobre las consecuencias del consumo de cada tipo de drogas en la salud humana, no debe hacerse esperar. 

Los colombianos debemos conocer los efectos de la marihuana, la cocaína, el éxtasis, el LSD, el bazuco y el resto de sustancias psicoactivas en el cerebro, el corazón, los pulmones, el páncreas, el hígado, el estómago, los riñones y el sistema nervioso central, como punto de partida. La ignorancia debe ser derrotada con información.

No hay tiempo que perder en este esfuerzo de darles argumentos irrefutables a los jóvenes en este tema. No olvidemos que el adecuado uso de la libertad de cualquier individuo depende, en gran medida, del conocimiento que cada persona tenga sobre las consecuencias de los actos que pueda llegar a cometer. 

Ha llegado el momento de erradicar de nuestro suelo la estúpida frase: “es que yo no sabía”. En esto debemos exigir firmeza por parte de las autoridades. Que se acaben las excusas.

Con todo respeto: Detrás de la adicción existen diversas causas, dentro de las cuales se desatacan la ignorancia, severas crisis de identidad y vacíos emocionales. Las drogas no pueden aceptarse como un escape de la realidad. Las familias y la Escuela deben enfocar sus esfuerzos en permitir que los niños y jóvenes se formen en valores y aprendan a tocar un instrumento, conozcan la cultura del emprendimiento o sean integrantes de seleccionados deportivos. Espantar el ocio improductivo debe ser tarea de todos. 

Hay que acabar con los jíbaros, mientras se acoge al adicto y se apoya a sus familias, que son, en la mayoría de los casos, quienes más sufren.

#ChaoDosisMínima

@tamayocollins

Publicado: octubre 3 de 2018