Como especie y  como  individuo somos seres sociales, igualmente  nuestro cerebro hace también que seamos seres sexuales. Es una necesidad del ser humano y en ella intervienen varias estructuras  de nuestro cuerpo: sistema nervioso central, endocrino y vascular. Sus componentes: el cerebro y la hipófisis, la corteza suprarrenal, las gónadas  (testículos u ovarios) y la próstata. Como vehículo de entrada la piel y los órganos de los sentidos.

La sexualidad es una  orquesta sinfónica, las notas musicales la marcan hormonas y el sonido lo  transmiten los neurotransmisores.

Estas interpretaciones le permiten al individuo  estimular el circuito de recompensa y obtener  placer canalizado  a través de la dopamina. Asegura además la preservación de la especie: la reproducción nos perpetúa.  Se crean lazos afectivos esenciales para la realización individual de la persona y el desarrollo integral  de su personalidad.

Así como Robinson Crusoe solo tiene vida  en la imaginación del autor, una existencia  plena sin sexualidad  es incompleta; iría en contra la tendencia natural de nuestra especie.

En otras palabras, el sexo es un dominante  fisiológico y cuando es maduro, como debe ser, es una necesidad espiritual.

Piense en el amor a primera vista o el cerebro enamorado. Se hace mediante procesos neurobiológicos no racionales en donde se estimula áreas profundas del cerebro desde donde se origina el circuito de recompensa. Es una química irracional que desencadena temblores, palpitaciones y obsesión por la persona enamorada. No hay razones que valgan, planteamientos lógicos o profundas disertaciones: es la adicción a  la pasión por esa persona que trasnocha, produce insomnio y su recuerdo  nos hace saltar. Por esto los  hijos no lo entienden, en vano se les  dice: “no te conviene”. Cuando se está enamorado la corteza frontal (racional) y la amígdala (emocional: peligro) se toman un tiempo sabático.

Por cierto, en investigaciones médicas se ha demostrado  que cuando se muestra la foto de esa persona amada, las imágenes de resonancia magnética funcional cerebral  detectan actividad en esas profundidades del encéfalo.

Superada esta fase en donde se hacen locuras, interviene la corteza pre-frontal.   Con inteligencia y sensatez seleccionamos la pareja que nos acompañara durante la vida. Afortunados somos cuando la elegida nos hace susurrar pasión y razón: el verdadero amor.

No conozco a Alberto Linero, el cura chévere de Santa Marta, que con valor dijo no al sacerdocio. Mentira, si he visto cómo sus escritos y reflexiones le han llegado a mis pacientes. Empezaría  diciendo que cuando veía  entrar a un enfermo, detrás su familia y llevaban en un lado los estudios diagnósticos y en el otro El Man está Vivo, inmediatamente pensaba: esta enfermedad es  compleja  y de cuidado. El consuelo, la esperanza y las ganas de vivir que transmitía en sus reflexiones a estos enfermos neurológicos fueron y son muy importantes.

Cuando la  enfermedad cerebral nos toca, nos recuerda lo frágil y contingente que es la existencia. No hay estratos o vehículos de alta gama; da igual la marca de zapatos o el estilo de la corbata. Un tumor cerebral maligno solo lo entretiene el diagnóstico oportuno. En este momento de verdad, es un bálsamo encontrar unas frases que nos den aliento y nos abrigue la esperanza.

La otra página es el infierno sexual que vive la Iglesia  Católica por esos vejámenes de los curas pederastas. Escándalos mayúsculos, prejuicios morales irreparables, traumas psicológicos a los afectados y doble moral por el encubrimiento e impunidad resumen esta degradación de quienes debieron educar con el  ejemplo.

El celibato obligatorio tiene sus horas contadas. Una vida plena sin sexualidad  no es posible. Las necesidades fisiológicas satisfechas y sus  requerimientos psicológicos  complementarios más  el soporte espiritual de la compañía, son los requisitos para un desarrollo cerebral sano y este  el responsable de adultos productivos y felices.

El celibato opcional, fortuito. Lo entiendo cómo pretender atajar el Rio Sinú cuando baja desde el Paramillo sin Urra. Sublimar esa creciente hormonal cargada de testosterona exige unas convicciones tan firmes que le de energía a  la corteza pre frontal para apagar los impulsos que se originan desde los núcleos de la recompensa cerebral. No todos somos Gandhi.

Prefiero un Ex-cura Linero escribiendo pleno, sereno y caribe. Bien acompañado, disfrutando “Me rindo Majestad”  de Adolfo Pacheco y dando lecciones de sexualidad madura. Esto supera a aquellos que recurren a sexualidad distorsionada dañando y violentado a niños indefensos e ingenuos.

Con mayor fuerza les diré hoy a mis pacientes que busquen refugio en sus nuevos escritos -amortiguados- los cuales espero recibir pronto, “porque así recogido soy más sincero.”

@Rembertoburgose

Publicado: septiembre 21 de 2018