He recibido del doctor Remberto Burgos de la Espriella, médico neurocirujano, eminencia nacional en el tema, un artículo que título,” Cerebro, corrupción y sanción social”, el cual de manera técnico – científica demuestra que la corrupción se puede convertir en una patología social y en una epidemia nacional. Y confirma lo que exprese en un artículo publicado en el portal Los Irreverentes y en el periódico cartagenero El Universal que titulé: “Cerebro Corrupto”.

Dice el doctor Burgos de La Espriella: cuando vemos todos los días más casos de corrupción, como un remolino que no termina, ascendiendo hasta las altas responsabilidades y dignidades del estado, sale una pregunta lógica: ¿existe un cerebro corrupto?

En el cerebro humano hay dos estructuras anatómicas involucradas con el sistema límbico (emoción y afecto), la corteza pre-frontal ventromedial (toma de decisiones) y su núcleo principal, la amígdala ubicada en el lóbulo temporal.

Estudios han demostrado que cuando hay lesión en la corteza pre-frontal ventromedial, los individuos afectados muestran una tendencia hacia la mentira y el engaño. Son proclives a las conductas torcidas, carentes de fondo moral y emocionalmente planos. Saltan todos los controles sociales.

Cuando un individuo hace algo malo, en contravía de sus valores y principios, los exámenes de resonancia magnética funcional detectan que esta amígdala se activa (Garret N,et al “The Brain Adapts to Dishonesty”, Nature Neuroscience ). Si se repite el acto la activación va disminuyendo hasta que ocurre una especie de acostumbramiento y la amígdala deja de enviar las señales de alarma. Se van perdiendo los escrúpulos.

Las leyes, normas y especialmente la recompensa y castigo son los grandes facilitadores o inhibidores para que la corteza pre frontal o la amígdala funcionen adecuadamente. Una sociedad que es permisiva con los actos de corrupción y flexible en sus reglas va languideciendo la función de la corteza pre frontal y la fuerza con la cual la amígdala del lóbulo temporal previene al individuo de la conducta anómala.

Facilitadores de estas estructuras cerebrales: la educación, la justicia y su ejercicio transparente. Pero el fiscal más importante está en las calles. Son los ciudadanos y su veeduría, auditores de la cotidianeidad y quienes deben generar el más fuerte de los guardianes: la sanción social.

Rechacemos a quien le hace gambeta a la justicia. Exijámosle a ésta que sea inmaculada. “No respaldemos a funcionarios torcidos; cuando juzguemos a nuestros elegidos anulemos de nuestro cerebro la nefasta muletilla: “roba, pero hace”, esto determinara el futuro patrón de conducta de nuestros niños. Lo peor para su desarrollo cerebral es crecer bajo el manto de la impunidad, pues se anestesia desde pequeño las dos estructuras anatómicas señaladas”.

Partiendo del artículo del ilustre neurólogo, y de su informe técnico – científico, y debido a la manera como se han suscitado los hechos en el gobierno de Juan Manuel Santos, es muy posible que el presidente sufra de una lesión en la corteza pre frontal ventromedial, que lo hace proclive a la toma de malas decisiones, lo cual sería motivo suficiente para pedir su interdicción. Y así, se una nuestro presidente a la larga lista mundial de gobernantes enfermos que por desgracia han dirigidos los destinos de una nación.

@rodrigueztorice

Publicado: agosto 31 de 2017