Pronto se cumplirá el bicentenario de la Batalla de Boyacá. Fue el 7 de Agosto la victoria de los patriotas, que hizo posible la liberación de Bogotá, así como darle vida independiente a la actual Colombia.

Se trató de una campaña iniciada desde Venezuela por el libertador Simón Bolívar.

Fueron setenta y siete días de sacrificio heroico que culminaron con la rendición colectiva de los realistas.

Lo que éstos querían era llegar a la capital del virreinato para fortalecer su capacidad militar sumando efectivos con las unidades del virrey Sámano.

Los soldados del rey ascendían a 2.670, en tanto que las tropas libertadores estaban integradas por 2.850 combatientes.

El comandante de las primeras era José María Barreiro.

Cuando la batalla terminó, a las cuatro de la tarde de ese día, culminó la campaña de la liberación, cuyo plan había sido diseñado y expuesto por Bolívar a principios de 1819.

Esa derrota definió la suerte final de Barreiro.

Cuentan los historiadores que se escondió en unas rocas, pero no pudo evitar ser capturado por el soldado adolescente de nombre Pedro Pascasio Martínez, quien lo hizo en compañía del  Negro José.

La leyenda da cuenta de que Martínez era un niño de apenas 12 años.

Sin embargo, lo fundamental del relato radica en que hizo prisionero al comandante del ejército enemigo en la confrontación militar del puente de Boyacá, después de negarse a recibir las monedas de oro que le ofreció para sobornarlo.

Gracias a semejante gesto, de tanto valor militar y ético, el niño héroe fue ascendido a sargento, además de recibir un beneficio económico.

La comunidad de Boyacá está preparando con anticipación suficiente las celebraciones patrias a raíz del bicentenario.

Hay gran expectativa con respecto a la manera como el país, porque es un asunto nacional, celebrará la fecha que le dio perfil a nuestra tierra.

Se esperan inversiones en distintas áreas, atención a los lugares históricos que hoy padecen del abandono oficial, acciones vinculadas con el turismo en la ruta libertadora, y otras decisiones que correspondan a la importancia del día en que brilló la libertad del suelo compartido orgullosamente por los colombianos.

Todo lo que se decida en esas áreas es bienvenido.

Pero, en los tiempos que vivimos, también sería iluminante y aleccionador recordarle a la nación aquella leyenda del soldado imberbe que rechazó las tentaciones del oro, no se dejó comprar, cumplió con su deber y puso a buen recaudo al comandante enemigo vencido.

Un ejemplo de tanta importancia debe convertirse en la mejor lección para los colombianos de hoy.

La enseñanza que se recibe es que sí se puede derrotar la corrupción, es posible resistir la tentación del enriquecimiento fácil y que el mejor camino hacia el progreso es el comportamiento ético y el respeto la ley.

Además de todo lo que finalmente se haga para celebrar el 7 de Agosto de 1819, quizás el mayor homenaje a los valores que deben imperar en Colombia es crear la Cátedra Pedro Pascasio Martínez.

@CarlosHolmesTru

Publicado: julio 31 de 2017