Las escenas registradas en la ciudad de Armenia, demuestran el rechazo legítimo y espontáneo que despierta la banda terrorista de las Farc en el pueblo colombiano.

El cabecilla de esa estructura criminal, alias Timochenko, creyó equivocadamente que el cheque en blanco de impunidad que el gobierno de Santos le entregó, era suficiente para que los colombianos olvidaran en cuestión de minutos todo el daño y sufrimiento causado por las Farc.

Fueron miles los muertos, los secuestrados, los niños reclutados forzosamente. Centenares de mujeres de esa guerrilla fueron violadas, embarazadas y obligadas abortar.

La reacción del pueblo cuyabro, gente común y corriente, transeúntes del centro de la capital quindiana, es el reflejo de lo que el pueblo colombiano siente frente a la impunidad que les fue otorgada a los jefes terroristas. Resulta inaceptable que personas que son responsables de los peores crímenes contra la humanidad, sean amnistiadas de facto y puedan presentarse –como en el caso de alias Timochenko– a unas elecciones presidenciales, como si acá no hubiese sucedido absolutamente nada.

Llamándolo “asesino”, “genocida” y “violador”, la ciudadanía le exigió que abandonara Armenia. No era bienvenido en aquella ciudad cafetera que tanto sufrió por cuenta de las acciones delincuenciales de las Farc.

 

El Timochenko altivo, retador, alevoso que se veía cuando tenía un fusil al hombro con el que podía asesinar al que no se hincara de rodillas ante él, se convirtió en un sujeto cobarde y pusilánime que tuvo que esconderse en un hueco para evitar el insulto de una población francamente enardecida.

Razón no les falta a quienes aseguran que el lugar reservado para delincuentes como Timochenko es la cárcel y no la plaza pública. Ese sujeto debería estar reducido en un centro penitenciario, pagando por los múltiples crímenes que ha cometido, muchos de ellos de lesa humanidad y no en las plazas de Colombia, fungiendo cínicamente como un candidato presidencial.

El de Armenia es el primero, pero no será, ni mucho menos, el último acto de rechazo social a los jefes del terrorismo. Cuando la mayoría ciudadana votó NO en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, lo hizo porque se oponía a que los cabecillas de las Farc quedaran habilitados para hacer política. Santos se burló del veredicto ciudadano y de forma canalla desconoció el resultado de las urnas.

Y ahí se ven los resultados. A través de escenas en las que heroicamente, miles de colombianos de clase media le pierden el miedo a quienes durante décadas fueron sus victimarios. A falta de sanción penal, bueno es el castigo social.

 

Cada día que pase, Timochenko será increpado por miles de colombianos que no están dispuestos a admitir que sus crímenes y atrocidades queden impunes.

¿Las Farc querían participar en la democracia colombiana? Bueno, ahí tienen lo que tanto han buscado. El resultado es que un pueblo libre, con todo el derecho, de manera democrática protesta por la presencia de los facinerosos en las calles de nuestro país.

Resulta inaceptable que Timochenko pretenda reducir lo sucedido en Armenia a un asunto de “mala prensa”. No. Las Farc no son víctimas de un “bullying” mediático. Ellos están cosechando lo que durante décadas sembraron y abonaron. Ellos, que aterrorizaron al pueblo, ahora tendrán que soportar las consecuencias de sus actos. Esa es la democracia.

 

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 5 de 2018