Es indiscutible que Álvaro Uribe Vélez es un hombre que despierta reacciones de amor y odio en millones de personas, resulta lógico que esto ocurra, pues ha dedicado la mayor parte de su vida al ejercicio de la política, el cual tiene como característica el acrecentamiento de los sentimientos básicos de la condición humana.

Es por esto que luego de tantos años ante la palestra pública, el presidente Uribe además de contar con un gran número de seguidores, ha encontrado a su paso contradictores que sin medir los límites de sus actos, han traspasado el debate democrático de las ideas, hasta llegar a escenarios deleznables de profunda animadversión.

Uribe ostenta un enorme reconocimiento debido a su lucha frontal contra las guerrillas narco-terrirostas que durante décadas sometieron al país, sin duda era ese el principal problema de Colombia y Álvaro Uribe sin titubeos se dedicó a resolverlo. Para dicho propósito no escatimó detalles, combatió a los narcotraficantes que con camuflado y botas se paseaban por las selvas colombianas, logró disminuir de manera exponencial el tráfico de alucinógenos y puso tras las rejas a los peores criminales de nuestros tiempos. 

Es apenas obvio que aquellos mafiosos alberguen resentimientos y ánimos de venganza contra quien logró ajusticiarlos. Además por aquello de las afinidades electivas, se aliaron con los enemigos políticos del presidente Uribe, sellando así una alianza espantosa entre bandidos y militantes de la izquierda radical. 

Para desgracia del pueblo colombiano Juan Manuel Santos llegó a la Casa de Nariño aprovechándose del gigantesco caudal electoral del presidente Uribe, pero no se le había impuesto la banda presidencial cuando éste ya le había volteado la espalda a las tesis que llevaron a la primera magistratura. 

Santos no gobernó acorde a sus propuestas de campaña, contrario a ello se alió con los contradictores más acérrimos del uribismo y desconoció flagrantemente al electorado que lo había hecho presidente. Fue así como en un torpe capricho dedicó sus ocho años de gobierno a pisotear el legado de su antecesor y desorientar el buen rumbo que traía la Nación.

Luego del amargo periodo presidencial de Santos los colombianos guiados por el liderazgo del presidente Uribe, retomamos la senda del crecimiento, la institucionalidad y la legalidad del Estado de Derecho, escogiendo a Iván Duque como nuestro presidente.

A pocos días de que Santos terminara su periodo nos manteníamos en vilo, para saber cuál sería la sorpresa con que se despediría. Jamás imaginamos que llegara a tanto, cabe aquí aquella frase de: “más que un crimen esto es una equivocación”, no es difícil suponer que son Santos y sus aliados quienes están detrás del complot que hoy afecta al presidente Uribe.

Los antecedentes desfavorecen a Santos, recordemos los montajes al Almirante Bacci, el hacker con que le robaron las elecciones a Oscar Iván Zuluaga; ¿sería por esto que el candidato Vargas Lleras decía antes de la primera vuelta, en tono desafiante, que todo podría ocurrir?. Recuerdan que ante el trino de la senadora Paloma Valencia advirtiendo una orden de captura sobre el presidente Uribe, algunos salieron con tono burlesco a desmentirla. 

Confiamos en que el presidente Álvaro Uribe logrará probar su inocencia, en lo que no confiamos es en las deficiencias del sistema, no hay que olvidar que nuestro sistema judicial sufre el mal de los falsos testigos y lo que es aun peor: el cartel de la toga.

@MiguelCetinaC

Publicado: julio 27 de 2018