Mi amor por la Casa Rafael Núñez viene de mi niñez. Viví mi infancia en la casa vecina donde funciona hoy un restaurante. Las que solo separaba un muro medianero de no más de 1.50 de alto.

Me remonto a 1960, recientemente había sido declarada como propiedad de la nación y un tiempo después patrimonio nacional. No existía el parque Apolo, que fue creado 1994 por el historiador Eduardo Lemaitre Román para conmemorar los 100 años de su muerte, habiendo creado antes en 1985 la Fundación Casa Museo Rafael Núñez.

Aunque si existía la estatua de Núñez montada sobre un pedestal de mármol, localizada frente a la capilla (que mando a construir la pareja para casarse), donde reposan amorosamente los restos de Rafael y Soledad Román Polanco su esposa. La estatua de Núñez en el Cabrero, creo es copia de la realizada en 1922 por el escultor Francisco Antonio Cano y que esta colocada en el patio que comunica el Capitolio Nacional con la Casa de Nariño.

En frente de la casa  había un enorme playón donde los mayores jugaban futbol y béisbol, que es hoy el bello y casi en ruinas parque Apolo.

En mi niñez todavía era un casa de residencia y vivía allí una hermosa anciana, con la piel blanca como mármol de Carrara, que me recuerda a la fábula de cucarachita Martínez, y que era de una dulzura inconmensurable. Deduzco hoy, por los rasgos físicos, que podía ser ella un miembro de la familia Román, parienta de su antigua propietaria Soledad Román Polanco de Núñez.

Si los muros de madera de esa casa de excepcional belleza Caribe hablaran se podría saber con total certeza todo lo que paso con la creación de la constitución de 1886, de los besos y las caricias para Soledad, del poema hímnico que hizo para conmemorar la independencia del 11 de noviembre y que después sería nuestro bello himno patrio. Si esos muros hablaran se sabría de las conversaciones del movimiento Regenerador, porque allí se reunía Núñez con la crema y nata de los partidos liberales y conservadores.

Fue en su tiempo una especie de Casa de Nariño y hasta en ella se posesiono Núñez en una de sus presidencias e hizo venir  a los estamentos políticos de la época para ese evento, no por vanidad sino que Núñez (como Uribe Vélez) se había echado el país al hombro y estaba muy agotado.

La casa, tal vez erróneamente por orden del ministerio de Cultura, su manejo le fue quitado a la Fundación y paso a manos del ministerio, cuyo estado de postración es evidente, tanto que hay una venta de refrigerios, irrespetando no solo la memoria histórica de los colombianos sino la de los cartageneros.

Me ha tocado por fortuna en mi vida tener que ver con la Casa Núñez porque siendo mi hermosa suegra Sixta Merlano de Lemaitre su directora, diseñe un mueble para un fonógrafo o equipo de sonido donde seguramente Núñez escuchaba las melodías amorosas que dedicaba a su amada Soledad.

@rodrigueztorice

Publicado: julio 11 de 2019