Hoy nadie puede tener dudas acerca del significado de la victoria del NO en el plebiscito que se celebró ayer.

Los ciudadanos que votaron por esa opción, y quienes lo hicieron por el SÍ, dijeron en alta voz que quieren la paz y la desaparición de las FARC como fuerza armada ilegal, pero que tienen objeciones serias a algunos puntos del acuerdo.

Y quienes obtuvieron la mayoría resolvieron darle el mandato al Presidente de la República de hacer uso de las facultades que le son propias para buscar la reorientación de los acuerdos, su modificación, o la suscripción de acuerdos adicionales, aclaratorios o complementarios.

Además, reiteraron su adhesión a la justicia auténtica, la democracia amplia, y el emprendimiento privado.

Con el resultado de ayer, el país quedó ante la oportunidad inigualable de buscar un acuerdo que una a los colombianos, incluya más compatriotas y sea sostenible en el tiempo.

Ese es el paso que debe darse, con el fin de darle una lectura apropiada a la voz del pueblo colombiano.

La nación necesita un verdadero pacto nacional.

De cara a la claridad del mensaje que se recibió ayer, quedó en evidencia que se necesita un entendimiento patriótico auténtico.

La voz de los unos y los otros debe tenerse en cuenta, sus preocupaciones tienen que ser escuchadas y la búsqueda de verdaderos consensos dejó de ser una frase vacía para convertirse en necesidad imperiosa.

En realidad, ayer los colombianos reiteraron la voluntad de abrir las puertas de la reconciliación, de ser flexibles, pero, también, señalaron que hay unos límites que deben ser respetados de todas maneras.

Esta es la hora para repetir, como se dijo con respeto e insistencia a lo largo de la campaña, que el triunfo del NO está lejos de significar ponerle fin al esfuerzo que ha hecho el Gobierno y pararse de la mesa.

Por el contrario, llegó el momento para auscultar caminos de consenso con los ciudadanos que ayer se hicieron escuchar.

Lo que tuvo lugar fue una bella expresión de patriotismo, de propósito colectivo y de generosidad social.

Muy pocas veces en la historia, frente a asuntos públicos de tal magnitud, había brillado una luz que tiene que iluminar el nuevo camino.

Quedó claro, adicionalmente, que la fuerza de la razón es superior al poder material cuando se trata de tomar decisiones de trascendencia histórica.

Hay otra triunfadora de la jornada de ayer : la democracia de participación.

Por fortuna, quienes acudieron a las urnas entendieron bien que su voto se iba a traducir en un mandato, que no delegarían su poder, que lo ejercerían directamente.

Lo hicieron con claridad, toda vez que le señalaron una dirección al Presidente de la República, y crearon las condiciones para avanzar en el diseño de un pacto histórico.

Quedamos en un momento que exige gran responsabilidad, humildad, propósito común y respeto.

Nada puede imponerse, y todas las voces deben tener un espacio.

Las posibilidades de un futuro mejor para Colombia se abrieron con la ilusión y la esperanza de quienes acudieron ayer a las urnas.

@CarlosHolmesTru