Recientemente los caleños recibimos una serie de encuestas donde nos mostraban una clara y preocupante tendencia política. Aunque nos parezca difícil de creer, las encuestas son un retrato de la cruda realidad de lo que está sucediendo en la capital del Valle. El candidato a la Alcaldía de Cali que es apoyado por los grupos de la izquierda radical y populista, y que además está inundado de investigaciones, está ganando en intención de voto en los estratos 4, 5 y 6. Y aunque yo sigo perplejo y atónito, si preocupa ver cómo en aquellos sectores que tradicionalmente han ejercido un voto informado y reflexivo, que han alzado las banderas de nuevos liderazgos e incluso han visto su bolsillo afectado año a año por el cobro de obras que no se hacen, hoy están considerando como una opción política viable, al candidato que encarna el populismo.

“Es que no es tan de izquierda”, argumentan algunos que creen que quien ha sido un aliado del “negro” Martínez puede ser una opción moralmente aceptable para la ciudad. Se les olvidan quienes son los nuevos aliados detrás de la candidatura de Ospina. Recordemos cómo el hoy candidato, siendo presidente de la Alianza Verde, nunca hizo campaña por el candidato presidencial de su partido y, debajo de cuerda, le hizo fuerza al candidato de la Colombia Humana. Sin embargo, una vez pudo hacer público su apoyo a Petro y a su retórica incendiaria, puso toda la carne en el asador. Petro y sus amigos han anunciado públicamente que Ospina es su candidato en Cali, ciudad en la que busca afianzar su aspiración presidencial para 2022 a través de la maquinaria electoral que conquisten en la alcaldía.

A pesar de que el partido Verde se ha presentado a la opinión bajo la bandera del no todo vale y el de la lucha contra la corrupción, Ospina es la antítesis a ese mantra político purista y moralizante. En lo que va de la campaña, ha demostrado todo lo contrario, al igual que lo hizo la vez pasada para conseguir su primera alcaldía. Él está dispuesto a recibir los más sórdidos apoyos, incluso en contra de la voluntad de importantes líderes de su partido, que por cierto, valerosamente se apartaron de esa línea. A la campaña de Ospina ya han aterrizado de manera oficial la gran mayoría de maquinarias electoreras de nuestra ciudad, representada en los partidos de la U y el partido Liberal. Estos habrán pactado, como hicieron en el pasado, cuotas clientelares en la administración y seguro algunos estarán detrás de una buena cucharada de mermelada.

Algunos otros sectores buscan justificar su voto diciendo que el hoy candidato, aunque esté cuestionado, realizó obras en su gobierno. No olvidemos que de las 21 obras prometidas y cobradas, únicamente se ejecutaron 8, las cuales además, tuvieron terribles escándalos de sobrecostos publicados por la Contraloría Municipal. Por esos hechos es que tienen a Ospina con 69 procesos disciplinarios activos. Ni hablemos de la pantalla del estadio que dicen que cobraron 35 veces su costo inicial. En el entre tanto, los entes de control y la justicia no lograrán cerrar esas investigaciones y el investigado va camino a su nueva elección el 27 de octubre. Increíble pero cierto.

Mientras el discurso populista parece fortalecerse con alianzas politiqueras, las propuestas estructurales para los problemas de Cali siguen sin aparecer. Los caleños hoy deberíamos estar escuchando acerca de propuestas integrales para la movilidad, la seguridad, EMCALI, la generación de empleo y oportunidades de ingreso en una ciudad donde el desempleo alcanza el 10.3%, o nuevas formas de luchar por la formalización de los comerciantes, entre otros. Para ninguno de estos frentes considero que el candidato populista ofrezca una opción real de mejora. Igual que Petro, dominan la escena política con un discurso romántico, trasnochado y empalagoso, que divide y no encuentra caminos para dar respuestas serias a las demandas ciudadanas.

Parémosle-Bolas al futuro de Cali y al poder de nuestro voto. Evitemos replicar el fenómeno y los terribles estragos que dejó la izquierda en Bogotá. Hoy Cali está en peligro real de que, en caso de elegir a Ospina alcalde, nos quedemos sin mandatario en la mitad del periodo debido a las investigaciones que lleva a cuestas. No permitamos que en Cali se replique el modelo que dejó atascada a la capital del país por culpa del carrusel de la contratación y el advenimiento de la Bogotá Humana. Será que queremos la interinidad e ilegalidad que dejó Moreno Rojas, o los resultados caóticos del mandato Petro. Nuestra ciudad no puede girar a la izquierda.

@gabrieljvelasco

Publicado: septiembre 16 de 2019