Nadie está en capacidad de prever con exactitud y con anticipación cuando se van a presentar cambios climáticos extremos, fenómenos invernales o trastornos ambientales como el que sufrimos recién en Magdalena y el que golpeó con crudeza a San Andrés Islas el pasado fin de semana.

El deber del Estado es atender la emergencia y darle solución estructural a los factores causantes de fenómenos que afecten la vida de las personas. La calamidad es la circunstancia en la que todos debemos sacar desde lo profundo de nuestro ser, un gran sentido de solidaridad.

Con la mano en el corazón, la fatalidad de los 26.000 damnificados de Zona Bananera, Aracataca, El Retén y Fundación; por el desbordamiento del río, y los de San Andrés y Providencia, nos indica que debemos ser solidarios y actuar en favor de ellos. Estar unidos es clave.

Desde lo público, la experiencia me indica que lo primero es visitar el área de desastre y decirle a la ciudadanía que está en adversidad: ¡aquí estoy!, ¡te acompaño!, ¡no estás solo! Esa es la muestra de que estamos en los zapatos de las familias que hayan sufrido pérdidas.

Recuperarse de una situación de desastre no ocurre de un día para otro. Este es un proceso que lleva tiempo. Reconstruir lo material se hace con tranquilidad y paciencia. Lo primero que debe hacer una ‘mano amiga’ es prestar asistencia básica y prioritaria al damnificado.

Los primeros temas que se resuelven son cómo van a dormir los afectados posterior al suceso, disponer para ellos ropa seca y limpia para vestir, y suministrarles la alimentación apropiada mientras persiste el acontecimiento. Esto va asociado a la habilitación de albergues.

Aunque suene contradictorio, emergencias como las de Zona Bananera, Aracataca, El Retén y Fundación; en Magdalena, y San Andrés Islas y Providencia; deben convertirse en oportunidades para reivindicar a las regiones y en particular, a la zona rural que es donde más ocurren tragedias.

Es el Estado, con determinación, quien puede ayudar a superar los problemas que desnudan a su paso los fenómenos climáticos y meteorológicos intensos; tal es el caso de la reubicación de viviendas en zonas de riesgo como riberas de los ríos, cerros y linderos de la línea férrea.

Lo único censurable ante el dolor de las personas y la devastación del patrimonio logrado con esfuerzo, es que la izquierda radical use la catástrofe para hacer politiquería. Criticar en medio de la adversidad es ruin, sentirse el dueño de la verdad en la fatalidad, es miserable.

@LuisMiguelCotes

Publicado: noviembre 19 de 2020