El presidente Uribe oyó el clamor de sus millones de seguidores que le pidieron repetida y respetuosamente que reconsiderara su renuncia al senado de la República.

Él es un hombre de honor. Cuando fue enterado de que la corte suprema lo había citado a indagatoria, en un proceso espurio, burdo e ilegal, él, coherentemente, anunció que se desprendería de su investidura como senador para atender el llamado de la justicia. Como lo dijo una y otra vez: su designio de vida es el de enfrentar, en libertad o desde una cárcel, las infamias que se han dicho en su contra.

24 horas antes de que se hiciera pública su solicitud de retirar la renuncia que presentó la semana pasada, este portal indagó directamente con el señor expresidente sobre esa decisión. En esa charla, quedó en evidencia que Uribe, ante todo, quiere que sea la corte suprema la que lo investigue. Es en el palacio de justicia del centro de la capital colombiana donde el presidente desea ir a controvertir una a una las imputaciones deshonrosas y falaces que se le han hecho.

Consciente de que con su renuncia la corte perdería la competencia, el doctor Uribe reflexionó sobre la misma y, como el todo el país sabe, le solicitó al presidente del senado, doctor Ernesto Macías que “retenga sin considerar mi carta de renuncia. Por razones de honor nunca ha estado en mi mente que la Corte Suprema deje de conocer el caso para el cual me citan a indagatoria”.

Con la decisión del presidente, ha ganado el uribismo, el presidente Iván Duque y, sobre todo, el país. Los colombianos tendremos en el capitolio a un hombre comprometido con unas ideas, dando la batalla por salvar a nuestra democracia y por defender su dignidad de ser humano.

Sus enemigos, que lo tildaron de cobarde y de querer evadir la justicia, quedaron sin discurso. Uribe es un hombre valiente que no rehúye debates, ni le teme a nada. Con vehemencia, verticalidad y coherencia, enfrentará la farsa urdida por un sector corrupto y politiquero de la justicia colombiana y de un sector mafioso de los medios de comunicación.

Con el paso de los días, la verdad seguirá aflorando. Poco a poco se caen las infamias y se descubre lo que había detrás. Barceló, se ha podido demostrar, no es un juez sino un burdo operador político recubierto con una toga. Los periodistas que han ambientado el montaje contra Uribe, se han quedado sin coartada. Todas las grabaciones que sacaron con el propósito de enlodar al expresidente de la República, resultaron absolviéndolo, pues en ellas se nota claramente que el interés de sus abogados es el de que los falsos testigos le cuenten a la justicia cómo el senador comunista Iván Cepeda los ha constreñido e intentado sobornar para que ofrezcan un falso testimonio en contra de Uribe.

No será este un proceso ni sencillo ni corto. Pero Uribe tiene cómo defenderse y, sobre todo, cuenta con el apoyo irrestricto de millones de ciudadanos que confían en su plena inocencia. Al decir popular, el toro debe ser agarrado por los cuernos. Ya llegó la hora de dar el gran debate sobre los falsos testigos a los que recurren los enemigos del uribismo, particularmente el senador afecto a las Farc, Iván Cepeda, porque si alguien debe ser indagado, juzgado y condenado es, precisamente, ese sujeto.

@IrreverentesCol