Desde los 40´s cuando el entonces Alcalde Fernando Mazuera desmontó la red de tranvías de Bogotá y propuso la construcción de un Metro, la ciudad ha estado inmersa interminables discusiones políticas y técnicas sobre su diseño y viabilidad.

Elevado o subterráneo. Hasta Chapinero, la 72, la 127 o Suba. Desde el Centro, Kennedy o Bosa.  Por la 11 o la Caracas. Complementario a Transmilenio o un sistema independiente. Financiado con vigencias futuras, bonos de deuda o las utilidades de las empresas del Distrito. Operado por la Alcaldía o por un privado en concesión.

Hemos discutido tanto este tema que no hemos logrado absolutamente nada. Mientras Medellín en 1995 estrenó su primera línea, más de 20 años después Bogotá seguía penando para ver si algún día se hacía realidad su ilusión de desarrollo y conectividad vial.

Sin embargo, ese anhelado y casi efímero sueño ha ido cogiendo forma en la administración de Enrique Peñalosa. Ha pasado de ser la principal bandera de las campañas a la Alcaldía de los últimos 15 años a ser un proyecto con viabilidad financiera y jurídica.

El trabajo juicioso, dedicado, técnico y no politiquero que el equipo de este Gobierno Distrital ha realizado estos 4 años permitió destrabar un proyecto que volvió a quedar en el aire en la Bogotá Humana, famosa por pavonearse del cheque sin fondos que el Ministro Cárdenas le entregó a Petro.

Ahora, con el cierre de la licitación solo resta evaluar las propuestas de los dos consorcios que siguen en carrera para lograr adjudicarlo antes que finalice este año. Una vez firmado el contrato, ¡a construir se dijo!

No obstante, y a pesar que todo pareciera ser color de rosa, el riesgo que generan las elecciones a la Alcaldía del 27 de octubre es inmenso para la viabilidad del Metro. La victoria de un candidato que no esté sintonizado con el proyecto podría generar una desestabilización presupuestal y legal que sepultaría la iniciativa.

Por eso, el único plan de gobierno que garantiza la continuidad de la obra el propuesto por Miguel Uribe. Él fue una de las piezas fundamentales que articuló el trabajo de la Alcaldía en esta mega obra. Su elección es la mejor garantía que podría tener tanto la ciudad como los inversionistas del Metro.

Una lejana victoria de Hollman Morris paralizaría por completo el proyecto y la indeterminación de Claudia López al respecto genera un escenario de incertidumbre donde no se sabe si se propondría renegociar el contrato, hacerle adiciones o cualquier tipo de modificación que alargaría un trámite que, de por sí, es bastante tortuoso.

Bogotá se merece tener de una vez por todas esta mega obra de infraestructura para aliviar la crisis de movilidad. Así como es necesario ampliar las troncales de Transmilenio para descongestionar las existentes y ampliar la cobertura, es imperioso tener un Metro que esté a la altura de las necesidades de la ciudad.

@Tatacabello

Publicado: octubre 4 de 2019