Al margen de la histeria colectiva que se ha desatado por cuenta de las grabaciones convenientemente editadas y publicadas por algunos medios de comunicación, algunos de ellos con abierta agenda política y otros sobre los que pesan fundadas sospechas, en las que el fallecido Jorge Enrique Pizano hace referencia a las irregularidades que él halló en su condición de “controller” –auditor- del consorcio denominado Ruta del Sol, es conveniente hacer una línea de tiempo para tratar de entender qué hay detrás de todo este asunto.

Lo primero, aquellas grabaciones fueron realizadas en el segundo semestre del año 2015. Para la época, Néstor Humberto Martínez era un particular, pues había renunciado a su cargo de director administrativo de la presidencia de la república -ministro de la presidencia- el 15 de junio de aquel año.

Luego de su salida del gobierno de Juan Manuel Santos, Martínez Neira retomó su práctica profesional privada, al frente de su firma de abogados, una de las más prestigiosas y reconocidas del país.

En ese punto, surge el primer interrogante. ¿Por qué si el señor Jorge Enrique Pizano encontró documentos que daban cuenta de irregularidades multimillonarias en el consorcio que lo contrató a él para que ejerciera como auditor, en vez de acudir con los documentos que logró recabar a las autoridades judiciales, decidió ir a donde un abogado particular? 

Cualquier experto en administración coincide en afirmar que una de las principales funciones de un “controller” es la de controlar la ejecución fiel de los presupuestos de una empresa. Cuando el doctor Pizano halló las irregularidades no tenía porqué acudir a donde el abogado de una de las partes del consorcio que lo tenía contratado, sino ir directamente a la fiscalía que para la época –segundo semestre de 2015- era Eduardo Montealegre Lynett. 

¿Cuál era el propósito entonces de golpear las puertas de la oficina y la casa de Néstor Humberto Martínez? Hoy, los enemigos del fiscal intentan enrarecer el ambiente tratando de vender la tesis manida de que él, para el momento de los hechos, estaba en el tintero de candidatos para la fiscalía general de la nación. 

Aquello es una verdadera especulación sin sustento ninguno. En abril de 2016, cinco o seis meses después de las reuniones entre Pizano y Néstor Humberto Martínez, la presidencia de Juan Manuel Santos hizo pública la preselección de los 16 aspirantes a la fiscalía entre los que estaban Germán Pabón, Martha Lucía Zamora, Mónica Cifuentes, Jorge Fernando Perdomo, Yesid Reyes y Néstor Humberto Martínez, cuya inclusión en la terna finalmente presentada siempre estuvo en vilo, por presiones internas del gobierno.

No se puede olvidar que las exministras Cecilia Álvarez, Gina Parody y María Lorena Gutiérrez se valieron de su altísima capacidad de influencia ante el hoy expresidente Santos para atajar a Martínez. Tal era su compromiso con evitar que él fuera candidato a fiscal que cuando Santos, a última hora incluyó a Martínez en la terna presentada ante la corte suprema, María Lorena Gutiérrez presentó renuncia inmediata e irrevocable a su cargo de secretaria general de la presidencia. 

Así las cosas, corresponde dilucidar cuál era el interés que motivaba al fallecido Jorge Enrique Pizano para ir a donde Néstor Humberto Martínez con el fin de compartirle información que por su condición él debía remitir a la justicia, pero además para grabar las reuniones. ¿Estaba tratando de preconstituir pruebas? Lo que queda en evidencia en todas las grabaciones hasta ahora conocidas es que Martínez Neira no tenía conocimiento previo de las situaciones que Pizano le estaba narrando y que él –Martínez- que ni era siquiera candidato a fiscal general de la nación –fue elegido por la corte suprema de justicia el 11 de julio de 2016, un año después de sus encuentros con Pizano-, estaba en la obligación de investigar esos hechos de los que era ajeno y sobre los que no tenía competencia alguna. 

El país no sabrá por qué el ingeniero Jorge Enrique Pizano no acudió a la fiscalía con las pruebas de corrupción que él tenía y en vez de eso prefirió abusar de la amistad que tenía con Néstor Humberto Martínez para ir a donde él a contarle y grabar clandestinamente esas reuniones. Son secretos que Pizano se ha llevado a la tumba, como tampoco nunca se sabrá por qué en vida no se atrevió a hacer públicas esas grabaciones que tenía. Tal vez, la vergüenza de haber grabado ilegalmente a su interlocutor, fue lo que le impidió hacerlo. 

Nota de la Redacción: La semana pasada, el director de LOS IRREVERENTES, llamó al señor fiscal general de la nación, con el propósito de confirmar las fechas que fueron incluidas en este artículo. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 19 de 2018