Owen Thomas, tenía todo lo que un muchacho universitario a su edad podía anhelar. A los 21 años era el capitán y líder del equipo de futbol americano de la Universidad de Pennsylvania. Su bravura y tenacidad en el campo era reconocida. Sus compañeros lo eligieron capitán. Combinaba los deportes con las actividades académicas y era un estudiante brillante en la Escuela de Negocios Wharton; siempre notas sobresalientes. Su trato amable con sus condiscípulos era la norma y lo  veían como un “gigante y amable pelirrojo”. Además, gran éxito con sus compañeras.

En Abril, 2010 fue encontrado en su apartamento: se había  suicidado (se ahorcó). La autopsia y el estudio de su cerebro revelaron que padecía  los primeros estadíos de la Encefalopatía Traumática Crónica (E.T.C).

Esta enfermedad degenerativa  la padecen los deportistas en el largo plazo. Se manifiesta por alteraciones motoras, cambios comportamentales y estados depresivos que llevan a muchos de ellos al suicidio. Los golpes durante años anteriores de práctica y competencia desencadenan este terrible mal. Es el resultado de los impactos a repetición; en lenguaje medico los denominamos  conmociones cerebrales. Se pensó que era exclusiva de los boxeadores pero hoy, que la entendemos mejor, sabemos que su causa son los micro traumas  recibidos durante la práctica del  deporte.

El deporte es una de las actividades  más importante que produce bienestar en los individuos, hace parte de las campañas de vida saludable y se convierte en  una de las banderas promoción y prevención de las  enfermedades. Beneficios para el corazón y para el cerebro; es un fertilizante para el sistema inmunológico y el gran estabilizador de nuestra estructura emocional. Actúa como gran impulsor de endorfinas responsables químicos de la felicidad.

El deporte es salud y debemos sembrarlo en el corazón y en el cerebro de nuestros niños. Hay deportes de impacto colectivo y el futbol es una de ellas. Se calcula que los fines de semana el 4% de la población se viste de pantalonetas y guayos para practicarlo.

Sin embargo, las actividades recreativas se deben realizar baja unas condiciones que impliquen seguridad y que no desencadenen en el corto o largo plazo lesiones a quienes lo practiquen.

En el fútbol se ha demostrado que el cabeceo produce traumas a repetición sobre el cerebro y estas conmociones cerebrales son responsables de  lesiones neurológicas  que impactan el desempeño de los individuos. Hay deterioro en las habilidades mentales superiores, alteraciones en juicio, raciocinio y capacidad de abstracción La conducta se modifica y el individuo se aísla. Se han descritas conductas bizarras que desembocan en el suicidio. 

Pero hay una gran población vulnerable: nuestros niños y especialmente el grupo comprendido entre los 5 y 12 años. La proporción cabeza-cuerpo es mayor y su cerebro está en pleno proceso de formación  y desarrollo.  Además, la fortaleza de la columna cervical no es sólida y los músculos de la nuca  no están preparados para contrarrestar el impacto de los cabezazos.

Promover el deporte es una obligación de los equipos de salud y de las campañas de prevención para anticipar las  desviaciones del comportamiento (adicciones, violencia). Debemos promocionarlo sin que se convierta en un factor de riesgo que atente con el desempeño futuro del ciudadano en formación.

Pobre ganancia para un país: niños de alto rendimiento deportivo y  mañana   adultos de pobre capacidad cognitiva y deficiente competitividad intelectual. Es golpear el talento y hacerle falta al desarrollo del recurso humano. Es un penal al emprendimiento.

Nuestra propuesta única imita la norma existente en algunos países: los niños de 5 a 12 años no pueden utilizar la cabeza como instrumento deportivo; más bien, enseñarles que utilicen el cerebro como estratega en las competencias. Mientras esta resolución llega el uso de casco y las escuelas de fútbol infantil son los primeros pasos.

@Rembertoburgose

Publicado: septiembre 28 de 2018