Muchas son las causas de la inseguridad en Bogotá, pero una de las más determinantes es el alarmante déficit de policías que tiene la ciudad. Comparado a los estándares internacionales, a la capital le faltan nueve mil efectivos para lograr cubrir a sus más de ocho millones de habitantes, a los cuales hay que adicionarles la población flotante que trabaja o estudia allí, pero reside en los municipios aledaños.

Esta cruda realidad, cabe señalar, no es coyuntural, sino que responde a una problemática estructural que se ha ido agravando con los años y frente a la cual no se ha hecho mayor cosa. Todos conocen la situación, pero las soluciones brillan por su ausencia.

Por ejemplo, año tras año el Gobierno Nacional hace un esfuerzo descomunal para darle nuevos policías a la ciudad, tal como sucedió con la decisión tomada esta semana de adicionar 1.500 uniformados de manera inmediata. No obstante, las altas tasas de retiro del personal de la institución y la expansión demográfica de la urbe hacen que esas acciones sean insuficientes.

Y mientras eso sucede, desde el Palacio de Liévano no se avizoran alternativas distintas. El presupuesto de este sector sigue siendo ínfimo, menor inclusive que los recursos que se le asignan al componente de recreación, y no se han integrado a otros actores para disminuir el faltante de Fuerza Pública.

En este contexto, es necesario que la Nación considere desplegar de manera permanente algunos efectivos de las Fuerzas Militares en las zonas más críticas de la ciudad para que adelanten un trabajo coordinado entre la Policía, el Ministerio de Defensa y la Secretaría de Seguridad, al mismo tiempo que el Distrito debería incorporar a los reservistas de las instituciones castrenses en labores de vigilancia.

Todo esto, de la mano de una ofensiva tecnológica que permita identificar en tiempo real los lugares con mayores niveles de concentración de actividades delictivas, de tal forma que se utilicen de mejor manera los pocos efectivos con que cuenta Bogotá.

Dicho de otra manera, mientras disminuimos el eterno déficit de Fuerza Pública de la ciudad debemos saber aprovechar al máximo los recursos humanos y presupuestales que tenemos disponibles, lo cual implica, entre otras medidas, que las autoridades se puedan apalancar de las cámaras de seguridad privadas que registran vías públicas y que los esquemas de seguridad sean compuestos mayoritariamente por personal de la Unidad Nacional de Protección, lo que permitiría dejar de destinar policías a esta labor.

Lo importante, es que en Bogotá se dejen a un lado los discursos y se pasen a las acciones concretas. Muchas son las alternativas que se pueden adoptar, pero con los altos índices de delincuencia que sufre la ciudad estamos presenciando una carrera contra el tiempo que va ganando la criminalidad.

@Tatacabello

Publicado: agosto 13 de 2021