Si hay un fenómeno que debemos combatir con toda la contundencia pero del cual debemos blindar a nuestra ciudad es la corrupción. Y Bogotá sí que ha sido históricamente afectada por esta problemática. Desde la Alcaldía Distrital y las alcaldías locales hasta el mismo Concejo de Bogotá son instituciones frágiles en términos de riesgo de corrupción, tanto por su tamaño en términos de contratación, como por las decisiones que debe tomar. 

Hay que recordar que en el índice de Percepción de la Corrupción 2018 de 
la organización Transparencia por Colombia, el país cayó de 37 a 36 puntos sobre 100 y descendió del puesto 96 al 99, entre 180 países. En el análisis, los expertos sostienen que los esfuerzos no han sido suficientes y que la corrupción tiene al Estado colombiano contra la pared. Así mismo recalcan que es necesario que el gobierno realice cambios estructurales, que se recupere la legitimidad en el sistema judicial y que se ejerza un control a conflictos de interés, puertas giratorias y la responsabilidad penal del sector privado.

Entre los países de América Latina, Colombia obtiene el mismo puntaje de Panamá y se ubica por debajo de Uruguay (70), Chile (67) y Argentina (40). Brasil y Perú tienen una calificación similar (37). Algunos de los países que obtienen puntajes más bajos que Colombia son Ecuador (34) y Venezuela (18). Entre los países OCDE el puntaje de Colombia es aún más preocupante: el país ocupa el penúltimo lugar entre 36 países, superando únicamente a México (28).

Bogotá tiene que echar mano de la tecnología para hacer de sus procesos de contratación, canales públicos a los que el ciudadano pueda acceder para hacer veeduría y lograr que más proponentes se presenten a cada convocatoria como garantía de inclusión. Por supuesto que el control político desde el Concejo de Bogotá debe ser contundente ante cada decisión y proyecto. En eso, la institución debe jugar un papel trascendental para recuperar la confianza de la ciudadanía.

Otros aspectos que también son fundamentales como promover educación y cultura en prevención frente a la corrupción, estudiar muy bien las hojas de vida de quienes ocuparán cargos públicos para frenar inhabilidades e intereses particulares y, por supuesto, penas más severas para los corruptos. Sanciones ejemplarizantes ayudan a que se tome conciencia frente a la importancia de cuidar los recursos públicos.

Si en Bogotá comenzamos a ganar la lucha contra la corrupción, los próximos cuatro años vamos a hacer de nuestra ciudad un lugar que recupere la confianza de la ciudadanía pero sobre todo un escenario en el que se vean las obras, los recursos realmente impacten positivamente a quienes más los necesitan y hagamos de la capital del país, un modelo de transparencia que sirva de ejemplo para el resto de Colombia.

@SimonOsorioJ

Publicado: junio 6 de 2019