No son pocas las dificultades que ha tenido que enfrentar la capital de Colombia en los últimos años, como consecuencia de los desgobiernos de la izquierda. 

Bogotá fue apoderada por la corrupción desde el mismo instante en que el Polo Democrático ganó las elecciones del año 2003, cuando su candidato era el beodo Luis Eduardo Lucho Garzón.

Lo de Samuel Moreno, fue la continuación de una política de saqueo en la que participó toda la izquierda de Colombia.

No puede olvidarse que la elección de Moreno Rojas, se produjo con el poyo decidido de personas significativas de la izquierda, como Jorge Enrique Robledo y Gustavo Petro. 

A la corrupción sistemática, se sumó el estímulo irresponsable de la lucha de clases durante la nefasta administración de Gustavo Petro. 

Durante 12 años consecutivos, Bogotá estuvo al garete y la consecuencia de ello se vio reflejada en el evidente estancamiento de su desarrollo. 

Era obvio que Enrique Peñalosa no la tendría fácil. Además de administrar a una ciudad en la que habitan más de 7 millones de personas, estaba obligado a reorganizar las finanzas y tratar de poner al día todas las obras de infraestructura que estaban en el congelador. 

Igualmente, tuvo que enfrentar la desbordada inseguridad, el microtráfico y atender contingencias como la llegada masiva de venezolanos. 

De todos los candidatos a la alcaldía, el más idóneo y preparado es, de lejos, Miguel Uribe, aspirante que goza del respaldo decidido del uribismo.

Uribe Turbay es prenda de garantía de que Bogotá continuará por el sendero del desarrollo y del progreso, alejada de discusiones inanes como las que tanto le atraen a la extrema izquierda y que se traducen en miseria y subdesarrollo. 

Se habla del “voto útil” que no es otra cosa que el voto en contra de alguien. Es evidente que hay que impedir que la izquierda radical, representada por Claudia Nayibe López y Hollman Morris, gane. Pero aquello no significa, ni mucho menos que aquello deba hacerse a través de Carlos Fernando Galán, un candidato que no ha querido -porque no tiene la manera de hacerlo- explicar los multimillonarios contratos públicos que ha recibido la fundación que lleva el nombre de su padre y en la que su familia -madre, tías y hermanos- ejercen un control casi absoluto.

La experiencia no es algo que pueda improvisarse. Miguel Uribe, a pesar de ser un hombre muy joven, tiene a su haber un vasto conocimiento de Bogotá -fue concejal y presidente del cabildo distrital, además de secretario de gobierno-, ciudad de la que conoce todas y cada una de sus dificultades. 

Más que el voto útil, se requiere el voto a conciencia, por una persona capaz y que garantice que la capital de Colombia nunca más volverá a caer en manos de la politiquería, la corrupción y el desgobierno. 

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 24 de 2019