En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del pasado 11 de junio, el Centro Democrático logró 1.447.685 votos, mientras que la extrema izquierda se impuso con cerca de 1.9 millones de votos. 

Para el petrismo, ese mismo que aplaude y apoya a la dictadura criminal de Nicolás Maduro, Bogotá es la joya de la corona. Durante tres mandatos consecutivos, pusieron alcaldes: Garzón, Moreno Rojas y Petro. 

Moreno, seguramente llegará hasta el final de su vida tras las rejas por cuenta de las largas condenas que le impuso la justicia luego de que se comprobara su participación en el saqueo de Bogotá. Así mismo, en días pasados, la justicia ordenó que se investigue a Lucho Garzón a quien también señalan de haber hecho parte del entramado de corrupción en la capital colombiana. 

Lo de Petro es francamente vergonzoso. El desgreño administrativo fue vulgar mientras estuvo al frente de la administración distrital. La contraloría le impuso multimillonarias multas, las cuales aún no han sido canceladas.

Desde el año pasado, la extrema izquierda enfila sus baterías para la retoma de Bogotá. Han puesto a rodar tres nombres: Claudia Nayibe López, el exterrorista del M-19 Antonio Navarro y el agresor de mujeres, Hollman Morris. 

Todo indica que Nayibe López será la candidata de la extrema izquierda, pues en todas las encuestas figura en el primer lugar. Su discurso demagógico, en el que promueve el odio contra todo lo que no sea progresista, ha calado en la izquierda y algunos sectores del centro.

Bogotá es una plaza muy difícil. El voto de opinión es muy fuerte, razón por la que para enfrentar a la izquierda, se requiere de un candidato de centro-derecha con discurso, propuestas, carisma y liderazgo, características con las que desafortunadamente no cuenta la señora Ángela Garzón, quien resultó designada a través del mecanismo de la encuesta adoptado por el Centro Democrático. 

Es menester hacer una gran campaña política para impedir el regreso de la izquierda a la capital colombiana. Bogotá llegó a lo más profundo del hoyo durante los 3 gobiernos nefandos del socialismo y no se puede permitir que, por falta de un candidato sólido, a través de Nayibe López, el petrismo retome el control del Palacio Liévano. 

Existe la posibilidad de adelantar una consulta interpartidista, o de llegar a un acuerdo entorno a un candidato de unidad. Sea cual sea el mecanismo adoptado, lo cierto es que se requiere grandeza y, sobre todo, pragmatismo.

El triunfo de Ángela Garzón tomó por sorpresa a todo el uribismo. Las bases del partido del expresidente Uribe estaban mayoritariamente a favor de la candidatura del excongresista Samuel Hoyos. De hecho, la concejal Garzón quedó en el último lugar en la encuesta que se realizó dentro de los militantes inscritos en el Centro Democrático, hecho que demuestra la total falta de identidad y conexión entre la seleccionada y la ciudadanía que cree en el ideario uribista. 

No hay que llamarse a engaños: la candidatura de Ángela Garzón no tiene manera alguna de despegar. Su nombre no despierta confianza en las bases y se da por descontado que ella no logrará sintonizarse con ella en estos meses de campaña. Si en 3 años como concejal no logró que su nombre calara dentro del uribismo, difícilmente podrá hacerlo en estos días de la carrera por la alcaldía mayor de Bogotá. 

El Centro Democrático es el partido de gobierno y aquello, además de ser un honor, implica ciertas responsabilidades con la ciudadanía. Una de ellas es la de hacer el esfuerzo político necesario para evitar que la capital del país vuelva por el nefando camino de la izquierda. 

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 1 de 2019