La semana pasada el Consejo Privado de Competitividad y la Universidad del Rosario presentaron el Informe de Ciudades en el que a Bogotá le va bien relativamente bien si se tiene en cuenta que obtiene una calificación de 7,57, en una relación de 1 a 10, muy cerca de Medellín, con 7,09. En un tercer lugar está Bucaramanga, con 6,22 y en los últimos lugares, Riohacha y Quibdó, con 3,02 y 2,86 respectivamente.

El estudio mide variables como las instituciones, la infraestructura y equipamiento, sostenibilidad ambiental, salud, educación, entorno para los negocios, mercado laboral, sistema financiero, tamaño del mercado e innovación. En términos generales, se trata de aspectos que en una ciudad resultan determinantes mediante criterios de eficiencia y procesos para hacer de una urbe un escenario competitivo y apropiado no solo para la mayor calidad de vida de población sino para la generación de progreso.

En el informe, en términos generales, Bogotá se mantuvo en el primer lugar entre 2018 y 2019 sin mayores cambios en sus variables. En la mayoría de categorías se ubica en la cabeza de la lista, salvo en sostenibilidad ambiental donde queda en segundo lugar; salud, donde queda en la octava posición (disminuyendo cinco puestos); educación básica y media en el quinto lugar; educación superior (segundo lugar); entorno para los negocios, tercer lugar, y sofisticación y diversificación, segundo lugar (bajando un puesto).

Una mirada general del panorama de competitividad en Bogotá permite concluir que tenemos retos enormes en materia de capital humano. Claramente nos rajamos como ciudad en materia de salud y allí está la calidad en el servicio, la capacidad de respuesta y por supuesto la infraestructura. En educación se deben concentrar esfuerzos para que Bogotá responda a la creciente demanda pero además ofrezca una capacidad instalada que garantice educación de calidad.

Un segundo aspecto de mejora tiene que ver con las condiciones básicas en las que la fortaleza institucional, la infraestructura general de la ciudad y la sostenibilidad ambiental son criterios que dejan a Bogotá en una calificación inferior a las demás variables. De una parte, seguir avanzando en la sistematización de los trámites, la reducción de los tiempos en los procesos y mejorar la movilidad constituyen temas de agenda que inciden en materia de competitividad. De otra parte, ofrecer nuevas alternativas de transporte como un mecanismo que impacte la calidad de vida es fundamental.

Finalmente, nos va bien en materia del ecosistema innovador donde la innovación y la dinámica empresarial, así como la sofisticación y la diversificación salen bien librados. No muy lejos está la conformación del mercado laboral, el tamaño del mercado -como es natural- y el sistema financiero. Este informe nos crea una hoja de ruta que da pistas sobre cuáles deben ser las prioridades de Bogotá en los próximos años para seguir creciendo en competitividad y superar las brechas en aspectos trascendentales para la ciudadanía.

@SimonOsorioJ

Publicado: junio 28 de 2019