Claudia López le entregó Bogotá a la criminalidad en bandeja de plata. No hay presupuesto ni autoridad para combatir a los bandidos. Desde un principio hubo un error en el diseño de la política de seguridad de la ciudad y por si fuera poco la Alcaldesa fracturó la relación con la Policía. El peor escenario de todos que explica por qué 9 de cada 10 bogotanos se sienten inseguros.

Como tal, desde que el Distrito le presentó al Concejo su Plan de Desarrollo se supo que para esta administración la seguridad no era una prioridad, lo cual se evidenció en tres grandes factores. El primero, de los $109 billones del Plan de Inversiones 2020-2024 tan solo $1.8 billones se destinaron a este sector, lo cual significa que el presupuesto para este rubro quedó limitado a escasos $469.846 millones por año para proteger la integridad de 7.1 millones de personas. Una misión imposible.

Al respecto, no deja de ser curioso que en el mismo Plan de Inversiones se le asignen un 19% más de recursos al sector cultura que a seguridad. Teatros por encima de la vida…

El segundo, las estrategias del Gobierno López para combatir la criminalidad son supremamente débiles: cultura ciudadana, programas de educación socioemocional y un modelo de justicia restaurativa. Románticos lineamientos que suenan bien en el papel, pero que han demostrado ser supremamente ineficaces en la práctica, más aún cuando a los bandidos no se los derrota con poesía, sino con autoridad.

De hecho, no hay un fortalecimiento de las labores de inteligencia de la Fuerza Pública, no hay una red de cooperantes entre el Distrito y la ciudadanía y se cambia la mano firme por la ingenuidad de las campañas pedagógicas.

El tercero, las metas que se propuso esta administración en materia de seguridad son verdaderamente pobres. Por ejemplo, al cabo de cuatro años el Distrito pretende disminuir en un 10% el hurto a personas, en 7% el hurto en transporte público, en 7% el hurto de celulares y en 8% el hurto de bicicletas.

Ciertamente con esos objetivos cualquier resultado es ganancia. Desafortunadamente, en Bogotá estamos a años luz de emular las históricas reducciones que se lograron bajo la seguridad democrática, donde, entre otros, los secuestros cayeron un 92% y los homicidios un 46%.

Adicional a lo anterior, no se puede pretender que la Policía tenga la confianza o la motivación para combatir la delincuencia cuando la Jefe de la entidad en Bogotá aboga por desarmar a la institución y despojar a los uniformados del fuero penal militar. Con esa clase de “liderazgo” es imposible mantener en alto la moral de una tropa que está bajo constantes ataques por parte de la propia Alcaldesa.

Debido a estas razones, no es extraño que el hurto a bicicletas este año haya aumentado un 35.8% en 18 localidades, las amenazas un 19.9% en 16 localidades y la extorsión un 54.3% de abril a septiembre, justo cuando la ciudad estaba en confinamiento.

Además, es realmente vergonzoso que el Secretario de Seguridad busque apagar el incendio afirmando que delitos como el hurto a personas o a celulares disminuyeron durante los seis meses que duró la cuarentena. No hay que ser un genio para saber que eso iba a suceder cuando casi toda la ciudad estaba encerrada en cuatro paredes, situación que, sin embargo, fue utilizada por la criminalidad para incursionar en nuevas actividades delictivas como las mencionadas anteriormente.

En resumidas cuentas, lo que comienza mal termina mal. Bajo la administración de Claudia López la seguridad de Bogotá está a la deriva, sin norte ni estructura. Los recursos asignados son miserables y los pantalones que le sobran a la Alcaldesa para pelear con la Casa de Nariño le hacen falta para combatir el hampa de la ciudad.

Un panorama desolador que difícilmente cambiará en los próximos tres años.

@LuisFerCruz12

Publicado: noviembre 18 de 2020