A propósito de la “Hipoteca Inversa” como producto del mercado financiero, en el que el acreedor adulto mayor, adquiere un derecho de crédito inverso vitalicio con garantía hipotecaria, el cual pagarán sus herederos al nacer a la vida jurídica la sucesión por causa de muerte, o en su defecto la garantía real hipotecaria con derecho a devolución de remanentes, se abre espacio para la discusión del orden económico que impera en nuestra sociedad.

Ya ese producto opera como línea de crédito en Estados Unidos, y está dirigido a atender las necesidades económicas de la “pobreza oculta” que su única alternativa es vender la vivienda, como último recurso de subsistencia digna.  La hipoteca inversa, en la práctica, cambia el derecho sucesoral y convierte en verdaderos herederos de las familias pobres, que aún no han caído en la miseria, a los bancos, creando para tiempos posteriores, nuevos desposeídos.

Ante esta realidad, no queda camino distinto que comenzar a mirar hacia la variación del sistema económico, convocando a Adam Smith y a Carlos Marx como referentes históricos, para que hallemos el punto de partida que nos aleje del excesivo consumismo, de la absurda explotación humana, de la polarización de intereses por el miedo a cambiar y nos conduzca hacia la seguridad económica, al crecimiento económico con bienestar sicológico, adecuado nivel de vida y equilibrada relación con la naturaleza.  

Bhután es un país que se propuso la búsqueda de la felicidad como política estatal. Según la Organización Mundial de la Salud “el concepto de felicidad en Bhután tiene un significado más profundo que en los países industrializados. La filosofía de la felicidad nacional bruta presenta varias dimensiones: es integral, puesto que reconoce las necesidades espirituales, materiales, físicas o sociales de las personas; insiste en un progreso equilibrado; concibe la felicidad como un fenómeno colectivo; es sostenible desde el punto de vista ecológico, puesto que trata de conseguir el bienestar para las generaciones presentes y futuras, y equitativa, puesto que logra una distribución justa y razonable de bienestar entre las personas. Bhután ha fomentado el bienestar de la población por encima del desarrollo material. La felicidad, la salud y el bienestar están estrechamente unidos. Normalmente se considera que la buena salud es el determinante más importante del bienestar; así mismo, los cambios que desencadenen una mala salud tienen efectos negativos y duraderos en el bienestar.” En Bhután se proporciona el “acceso gratuito a los servicios básicos de salud pública en la medicina moderna y en la tradicional.”  La salud se reconoce como un requisito previo para el desarrollo económico y espiritual y como un medio para conseguir una mayor felicidad nacional bruta.

Si el planteamiento en medio de la pandemia de la Hipoteca Inversa, forma parte del camino hacia la búsqueda del modelo en el que comencemos a medir con indicadores de Producto Interno de felicidad bruta, podríamos estar sobre la ruta ideal. De qué sirve atesorar, acumular riqueza sin desarrollo, sin progreso personal y colectivo; de que sirve un bien inmueble como único patrimonio material si este no garantiza la calidad de vida en la etapa final. Claro que la sostenibilidad como criterio en lo ambiental, para las próximas generaciones, también debe aplicarse como principio y garantía del derecho de sucesiones; porque de lo contrario lo que heredaríamos, sería más pobreza y haríamos más ricos a los bancos. Posiblemente en diez años estemos resolviendo la ecuación planteada, pero suceda lo que sea, habremos logrado hacer digna la vida de aquellos adultos mayores que se atrevieron a suscribir el contrato de hipoteca inversa.

@AlirioMoreno

Publicado: junio 24 de 2020